10/10/2016 / 10:49
M.Luz Pérez López


Imagenes

Amparo Pérez cumple cien años en el pueblo al que regresó por amor


En  Tordesilos, pueblo de la comarca de Molina de Aragón, hace 100 años nació Amparo, de familia humilde, como muchas otras en aquella época. Se tuvo que hacer mayor antes de tiempo, pues hubo de adquirir responsabilidades importantes para suplir en la medida de lo posible a su padre, que falleció cuando él era niño. Aprendió a leer y escribir porque le gustaba. El único viaje que hizo fue a Ceuta a hacer la mili, y previamente tuvo que soportar en directo la Guerra Civil por tierras de Aragón y Valencia.  Le concedieron la Cruz Laureada de San Fernando el 14 de mayo de 1943.
    Continuaba con su papel de hombre de la casa, junto con sus cuatro hermanas y con su madre, hasta que se echó de novia a Amparo (no es un error tipográfico) hija de Isidoro y de María, de los Canastos. El curioso destino hizo que los dos tengan por nombre Amparo. Estuvieron trabajando por la costa catalana y como a él le gustaba tanto el pueblo decidieron regresar para continuar su vida juntos hasta 64 años casados. Lamentablemente su mujer Amparo ya no está con nosotros.
     Pese a su voluntad, tuvo que marcharse del pueblo a trabajar unos cuantos años para sacar adelante a su familia. Pero regresó, porque su corazón estaba en Tordesilos. Se dedicó a la agricultura y a la ganadería, como la mayoría de la gente de este municipio, hasta que pudo jubilarse a los 65 años con un solo riñón.
    El próximo día 16 de octubre cumple los 100 años, sin dentadura, con leve dificultad auditiva,  con una imparable actividad y pudiendo practicar la lectura, su pasión, que antes no podía disfrutar. También limpia de piedras sus fincas a mano, coge un poco de azafrán cuando es la temporada, busca su agua preferida a una distancia de dos kilómetros y medio. Suele ir al bar del pueblo a tomarse un café cortado y a leer  Nueva Alcarria.
    El mérito crece al saber y haber podido compaginar tu trayectoria profesional, sin descuidar nunca la personal, valedora de la unidad familiar indestructible gracias  a esos valores aprendidos, enseñados  y ya heredados. Uno llega a este mundo sin elegir, aterriza sin haber sido preguntado, abre los ojos y ya está. Es la única lotería, la que viene marcada por lo que llamamos genética y tu Amparo has sido agraciado, por no tener que usar gafas, ni bastón, ni tomar medicamentos y por tantas otras ventajas con tus 99 años. A nosotros también nos ha tocado el privilegio de disfrutar muchos años de nuestros padres, de tu compañía, con tus ideas, mejores o peores, compartiéndolas y discutiéndolas con la palabra y con el respeto como base de toda comunicación.
    Su máxima aspiración ha sido ser feliz, hecha realidad hoy en día esta pretensión como lo prueban fehacientemente sus datos, la aspiración actual es la de vivir mejor. Hoy nos regalas un año más a los que te queremos a los que no saben todavía lo mucho que te quieren y a los que algún día te querrán.
    Como dijo Seneca, “nadie es jamás tan viejo que después de un día no espere otro”. No es amor de hija, es realidad contrastada, créanme los soñadores. Muchas Gracias y Felicidades por tus 100 años, padre.
 


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