01/07/2018 / 10:24
Luis Monje Ciruelo


Imagenes

Árboles y libros

 Hacer que de un pino seco florezcan libros no es, desde luego, tan poético como “la gracia de la rama verdecida” del olmo seco de Machado, pero indica un claro sentido artístico no tan corriente entre los munícipes, 


Porque la  pasada semana criticaba al alcalde por cuestión de árboles al pavimentar el hoyo o alcorque de uno perdido en la calle de San Roque en lugar de reponerlo, me apresuro a elogiarle por el arte que sentido artístico del aprovechamiento del tocón del grueso pino  que ha sido preciso talar en el parquecillo del Conde de Romanones en Santo Domingo. Hacer que de un pino seco florezcan libros, como algún medio ha titulado con acierto, no es, desde luego, tan poético como “la gracia de la rama verdecida” del olmo seco de Machado, pero indica un claro sentido artístico no tan corriente entre los munícipes, aunque ya hay un antecedente en nuestro concejo municipal, de dos figuras de tamaño natural, hombre y mujer, tallados hace unos años en el parque de San Roque en el tocón de un árbol centenario que hubo que cortar. Ya quisiéramos los que nos aproximamos a centenarios que el Ayuntamiento o cualquier artista pudiera reproducir en madera, mármol o bronce nuestra figura para perpetuarla en uno de nuestros parques. Ya sé que eso es posible cuando se alcanza una dimensión extraordinaria en lo humano o profesional, aunque en España las instituciones no son muy proclives a distinguir con estatuas, ni siquiera medallas, a sus prohombres quienes han prestado con categoría sus servicios a la Sociedad en cualquiera de sus niveles. Somos muchos los que habíamos pensado al ver la escala de libros de Santo Domingo que en lo alto se situaría, el Viaje a la Alcarria, de Cela o Historia de una Escalera del alcarreño Buero Vallejo, los dos merecedores también de una estatua. Parece, sin embargo, que va a ser esta nueva escultura un homenaje a los profesionales de la Enseñanza, como lo fue la vecina estatua del Conde de Romanones, el hombre que dignificó al Magisterio al pasar sus nóminas a los Presupuestos Generales del Estado. Él tampoco tiene una estatua ofrecida por la provincia por su vinculación alcarreña y su indiscutible categoría como político, aunque ahora no resulte oportuno sugerirlo. En cualquier país sudamericano los tres la tendrían hace tiempo, aunque allí predominen de militares y políticos. Como docente que fui, le agradezco al alcalde esa distinción a los enseñantes. El maestro rural sigue esperando la estatua que se merece por los muchos universitarios que ha preparado en solitario en nuestros pueblos. 


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