11/11/2017 / 13:38
Jesús de Andrés


Imagenes

Azorín

José Martínez Ruiz, Azorín, escribió novela, ensayo, libros de viajes, teatro, cuentos, guiones cinematográficos…, y en todos estos géneros dejó el trazo de un español bien escrito.


 Cualquier excusa es buena para leer a Azorín. Los cincuenta años de su muerte, por ejemplo. En torno a esta efeméride se han celebrado, a lo largo de 2017, congresos y exposiciones, se han reeditado sus libros, se han publicado nuevas antologías con sus textos. Pero más allá del recordatorio puntual hay que reivindicar su lectura por lo más importante: su calidad indiscutible, su apabullante manejo del castellano. Azorín fue un paisajista que pintaba con palabras, un renovador del idioma, un escritor con el estilo más consumado que se pueda pretender, aquel que –en su pura sencillez- no se advierte ni se imposta. Un clásico que, como tal, tiene vigencia hoy.
Como periodista escribió más de 5.000 artículos en diarios como ABC –donde mantuvo su firma durante nada más y nada menos que 60 años–, El Imparcial, La Vanguardia o El País –el diario republicano de comienzos de siglo; no el actual, claro–. Fue vanguardista en el fondo (de El País fue despedido por defender el divorcio en su columna; algunos de sus artículos han formado parte de recopilaciones de textos de ciencia ficción) y en la forma (fue el primer periodista español en enviar una crónica por telegrama y de los primeros en usar máquina de escribir; adoraba viajar en tren). Durante años fue cronista parlamentario, quizá el mejor de la Restauración. Puso nombre a la generación del 98, de cuyo grupo más selecto formaría parte (con Baroja, Valle, Machado, Ganivet, Unamuno y Maeztu). Cercano al anarquismo de joven y conservador con los años, recibió con ilusión la II República pero se marchó al iniciarse la Guerra Civil para evitar problemas con uno y otro bando. En 1905, el director de El Imparcial le encargó, coincidiendo con el tercer centenario del Quijote, un viaje por los pueblos de la Mancha a la vez que le entregó un revolver (“por lo que pudiera pasar”). De su crónica surgió La ruta de don Quijote, uno de los libros de viajes más celebrados. Azorín, convirtió la ausencia de noticias, el aburrimiento de aquellos lugares, en periodismo de vanguardia, con diálogos, descripciones y su propia participación como personaje, décadas antes de que Tom Wolfe apadrinara el “nuevo periodismo”.
José Martínez Ruiz, Azorín, escribió novela, ensayo, libros de viajes, teatro, cuentos, guiones cinematográficos…, y en todos estos géneros dejó el trazo de un español bien escrito, natural y sonoro, impresionista, que hace partícipe al lector de lo que ve, describe y siente. Preocupada por el paso del tiempo, descriptiva y detallista, su prosa siempre es directa, exacta y clara. Su mirada, fotográfica. A modo de ejemplo –disfrútenlo– escribe en su mejor libro, Castilla: “En el jardín. De noche. Se percibe el aroma suave de las rosas. Los dos cipreses destacan sus copas alargadas en el cielo diáfano. Brilla un lucero entre las dos alongadas manchas negras”.


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