07/08/2017 / 11:54
Antonio Yagüe


Imagenes

Cabañuelas a la vista

El 1 de agosto es una fecha clave.


Explicaba un viejo y entañable maestro de mi pueblo que las cabañuelas son una costumbre del pueblo llano, como predicción meteorológica a largo plazo, especialmente para el pronóstico de las lluvias, y para saber en qué era mejor adelantar o atrasar la siembra de las cosechas. La creencia, cuyo origen sitúan algunos en la antigua Babilonia y en la cultura maya (de donde toma el nombre), ayuda también a la hora de trillar y de todas las labores del campo, para tratar de obtener mejores cosechas o productos hortícolas.
    El uno de agosto es una fecha clave. Es conocida como la “llave del año”, de suerte que las variaciones meteorológicas habidas a lo largo de este día darán cuenta de cómo será el año siguiente en su conjunto, y las de cada uno de los doce primeros días, cómo serán los próximos12 meses. Las del día 2 corresponderían a septiembre, el 3 a octubre, el 4 a noviembre, el 5 a diciembre, el 6 a enero... y así hasta completar el año.
    La compleja conjetura, que en algunas zonas amplian a los doce días siguentes (cabañuelas de vuelta), se efectúa a partir de la observación de los distintos fenómenos atmosféricos: la forma de una nube, la dirección del viento, la tonalidad o luminosidad del sol, la luna, las estrellas, la niebla, el rocío, el arco iris, el granizo… todo son signos que entrañan información del tiempo de año venidero.
     Como el caledario Zaragozano, las cabañuelas no tienen validez científica ni son una guía meteorológica, pero los escasos aficionados castellanoaragoneses que todavía quedan aciertan con frecuencia. Los pastores eran los principales practicantes, sobre todo por las tranquilas observaciones nocturnas mientras cuidaban el ganado durante el verano. Pero hoy son marroquíes o rumanos y los ganaderos, que viven en la capital, consultan el tiempo en Internet como los mercados y los precios de los piensos, los  corderos y la leche.
    Los senderistas, que este fin de semana han organizado marchas nocturnas en torno a Milmarcos y Molina de Aragón, podrían tomar el relevo y observar a la luz de la luna casi llena estos fenómenos predictivos. Fueron útiles e incluso mágicos para muchas generaciones de antepasados nuestros. Aunque hoy suenen, como tantas cosas, a algo folclórico o sean pantalla pasada como dicen los modernos.
 


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