01/04/2018 / 13:12
Jesús Fernández


Imagenes

Cesión y concesión

Con frecuencia se oye decir que necesitamos un nuevo sistema pues el antiguo  ya no funciona, ya no sirve. ¿Ha cambiado la sociedad?


Los sistemas democráticos se han convertido en un pulso entre gobernantes y gobernados. Ese es el gran fundamento teórico de la misma. El pueblo tiene el poder, la soberanía  popular. y se lo transfiere, administrativamente hablando, a quienes merecen su confianza. Todavía no se ve claro la diferencia entre elección y nombramiento. El lenguaje ha evolucionado. Al desacuerdo antes lo llamábamos inconformismo. Había muchos inconformistas, descontentos, renovadores frente a la aquiescencia de otros. Ahora se llama indignación, populismo soliviantado  que es un grado más fuerte en el sentimiento  llegando a la irritación. Se ve mucha irritación en el pueblo. Hemos ido muy aprisa reduciendo las formas de gobierno al dualismo dictadura o democracia. Pues bien, estos días estamos viendo que hay una  fórmula intermedia como es dictaduras con urnas.  Los pueblos están ratificando a sus dictadores, algunos de por vida. La palabra poder se queda ya corta y desborda su perímetro narcisista o psicológico para instalarse en el materialismo puro del dinero. El que manda quiere disponer de recursos materiales a su alcance y distribuir los públicos a su conveniencia. No hay otras explicaciones para la fiebre de poder que tienen los partidos.
    Yo me conformo con que el pueblo se de cuenta de los falsos postulados invocados en la demagogia diaria y, sobre todo, la gran contradicción e incongruencia entre lo enunciado y prometido en los discursos de sus dirigentes. El pueblo tiene la sensación de que, a pesar del cambio de tiempos y de dirigentes, tenemos siempre los mismos problemas. ¿A qué viene esta enorme separación o distancia entre el pueblo y las élites gobernantes? La sociedad la componen todos mientras que el gobierno unos pocos. ¿Quién puede tener hoy interés por gobernar?
    Con frecuencia se oye decir que necesitamos un nuevo sistema pues el antiguo  ya no funciona, ya no sirve. ¿Ha cambiado la sociedad? ¿Ha cambiado la economía y la producción? ¿Han cambiado los derechos y servicios sociales? En una sociedad global, nuestros derechos individuales tienen que ser enfocados bajo el signo de la solidaridad y orientados hacia la cooperación y cambiar una sociedad individual por una sociedad compartida y distributiva. Hemos sido educados en la competencia  y en la lucha de clases y tenemos que girar hacia la cooperación y disponibilidad. La dialéctica de la democracia no puede consistir en ceder y conceder, en pedir y recibir, en gritar y acallar, en exigir y contentar. Las necesidades y los valores tienen una jerarquía y prioridad marcada por su propia naturaleza no por el aparato reivindicativo que las acompañe. El convierto es música, letra y ordenación. Y muchas veces aludimos a la política como concierto. Nunca la imagen y la terminología  han sido tan válidas.  
 


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