04/06/2017 / 13:33
Jesús Orea


Imagenes

Cisneros vuelve a Sigüenza cinco siglos después

“Es destacable el hecho de que se hayan unido cuatro importantes instituciones para impulsar esta exposición, llamada a ser el acontecimiento cultural del año”


Desde el 23 de mayo pasado, la ciudad de Sigüenza acoge una gran exposición que, bajo el título “Cisneros. De Gonzalo a Francisco”, se prolongará hasta el 31 de octubre y a la que recomiendo a los lectores de Nueva Alcarria encarecidamente su visita pues, realmente, merece la pena hacerlo. Esta importante y relevante actividad se enmarca dentro del llamado “Año Cisneros” pues en 2017 se conmemora el V centenario del fallecimiento del gran Cardenal que tanta huella dejó en un momento decisivo de la historia de España como fue el final de la Edad Media y el inicio de la Moderna. El paso de Cisneros por nuestra provincia, especialmente por Sigüenza, Uceda y La Salceda, fue determinante en su vida y es, precisamente, en ese tiempo y en esos espacios en los que están enfocados los contenidos de esta muestra que está organizada conjuntamente por el Obispado de la Diócesis, la Universidad de Alcalá, la Diputación Provincial y el Ayuntamiento de Sigüenza.
    Es sin duda destacable el hecho de que se hayan unido cuatro importantes instituciones para impulsar esta exposición, que está llamada a ser el acontecimiento cultural del año en Sigüenza y que, muy probablemente, contribuirá a dinamizar su cada vez más dinámico sector turístico, al tiempo que a sumarse al ya bien ganado prestigio de la Ciudad del Doncel como frecuente anfitriona de actividades de gran calado relacionadas con el conocimiento y muy especialmente con el patrimonio histórico y artístico.
    Ha sido para mí un placer -y un privilegio, por lo mucho que he aprendido- colaborar profesionalmente -en mi calidad de jefe de la sección de Administración de Cultura y Educación de la Diputación Provincial- en el diseño, producción y montaje de esta exposición que ha contado con un comisariado de altísimo nivel, compartido entre la profesora titular del Departamento de Historia y Filosofía de la Universidad de Alcalá y Directora del Centro Internacional de Estudios Cisneros, Dolores Cabañas -una sabia y gran catedrática, a la par que una encantadora mujer-, el Director de los Servicios Culturales de la Diputación Provincial y profesor asociado de la UAH, Plácido Ballesteros -un medievalista de merecido y reconocido prestigio, jefe, compañero y amigo- y el Director del Museo Diocesano de Arte Antiguo y Delegado Diocesano de Patrimonio Cultural y Nueva Evangelización, Miguel Ángel Ortega -un buensacerdote que sirve a Dios a través del cuidado del arte religioso, sin descuidar las ocho parroquias serranas que tiene encomendadas: Somolinos, Albendiego, Alpedroches, Campisábalos, Cañamares, Hijes, Miedes de Atienza y Ujados-. En esta relación de justos reconocimientos, no quiero, ni debo, dejar de citar a mi compañera -y también amiga- del Servicio de Cultura de Diputación, del que es jefa de la sección de Archivo, Biblioteca y Fototeca- Paloma Rodríguez Panizo, que ha sido la directora de producción de la exposición, por no decir su cuarta comisaria.
    Tras este largo, pero entiendo que justo y necesario introito, toca ya destacar un hecho singular que, a mi juicio, engrandece esta exposición sobre Cisneros y lleva a su máximo provecho un hecho incontestable, como es que toda Sigüenza, en sí misma, es una ciudad-museo. Esta circunstancia ha sido muy tenida en cuenta por los comisarios y por ello la muestra se ofrece en tres espacios distintos: el Museo Diocesano de Arte Antiguo -en el que se alberga la exposición central-, la Catedral -en la que se destacan los espacios directamente relacionados con la época de Cisneros que hay en ella, al tiempo que en una sala claustral se exhibe una muestra de trajes de la época cisneriana utilizados en la exitosa serie de TVE “Isabel”- y el casco histórico, en el que se ha establecido una ruta que consta de once jalones en los que quedan patentes las huellas de quien fuera provisor del entonces obispo de Sigüenza, el futuro Cardenal Mendoza, vicario general de la diócesis seguntina y capellán mayor de la catedral, antes de ser el gran Cardenal al que esta exposición rinde tributo.
    La muestra temporal que sobre Cisneros se contiene en el Museo Diocesano se centra, fundamentalmente, en el primer periodo de su vida, el más desconocido, que tuvo como escenario la provincia de Guadalajara y, muy especialmente, la ciudad de Sigüenza. Su paso por ella le hizo aprender, reflexionar y tomar decisiones vitales que conformaron su posterior actuación como hombre de Iglesia al tiempo que como hombre de Estado, pues no olvidemos que fue sacerdote, Arcipreste de Uceda, Vicario general de la diócesis de Sigüenza, humilde eremita y guardián del convento franciscano de la Salceda, Provincial franciscano de Castilla, Arzobispo de Toledo y Cardenal primado de las Españas, pero también confesor de la reina Isabel, Inquisidor general y, sobre todo, regente de Castilla, en dos períodos distintos
    La exposición sobre Cisneros que se ofrece en el Museo Diocesano está dividida en tres secciones:
En la primera, bajo el título “de Gonzalo en Sigüenza…”, a través de paneles, letras corpóreas, cartelas, documentos, libros, grabados y obras de arte se refleja, de manera especial, la presencia en Sigüenza -documentada a partir de 1477- del que fuera bautizado en 1436 como Gonzalo Ximénez de Cisneros en su Torrelaguna natal. Fue Pedro González de Mendoza, entonces Obispo de Sigüenza y Arzobispo de Sevilla,quien llevó allí a Gonzalo dada su condición de bachiller en leyes, llegando a ocupar en la diócesis y en la catedral relevantes cargos, previamente ya relacionados. En la ciudad seguntina, Cisneros amplió su formación humanística, especialmente el aprendizaje de idiomas como el hebreo y el caldeo, al tiempo que colaboró con el arcediano de Almazán, Juan López de Medina, en la redacción de las constituciones del colegio de Portacoelli, que después y hasta que cesó su actividad a finales del primer cuartodel siglo XIX, alcanzaría el rango de Universidad. Su acercamiento a ambas lenguas judías y su colaboración en el inicio de la actividad del Portacoelli, fueron decisivos para que, en su etapa final alcalaína, fundara el colegio de San Ildefonso, germen de la Universidad Complutense, e impulsara la edición de la Biblia Políglota Complutense, dos de sus más relevantes aportaciones.
    En la segunda sección, titulada “…a Francisco en La Salceda”, presidida por la impresionante “Inmaculada Niña”, de Zurbarán, que es imagen señera permanente del Museo, se muestra la etapa de su vida en la que Cisneros renuncia a su buena posición y grandes rentas de Sigüenza, se hace franciscano y vive austeramente como tal en varios conventos, especialmente en La Salceda. Es en este período cuando cambia su nombre de Gonzalo a Francisco, que, precisamente, da acertado título a la exposición. En esta sección destaca como pieza expositiva un libro original de la “Historia del Monte Celia de Nuestra Señora de la Salceda”, impreso en Granada en 1616 y del que es autor Fray Pedro González de Mendoza, Arzobispo de Granada, una joya bibliográfica, sobre todo por el magnífico grabado de Strasser que contiene, que se muestra ampliado e interpretado, al tiempo que complementado por una “golosina didáctica”: un diorama hecho en plastilina reproduciendo la presencia de Cisneros en el convento alcarreño, elaborada ad hoc por la Fundación Educa; un guiño para las familias que acudan con niños a ver la exposición.
    En la tercera y última sección, localizada en el patio/claustro del Museo, titulada “El sueño de Cisneros”, se refleja la tercera etapa de la vida del Cardenal, importantísima, aunque la menos vinculada a la provincia, que se inicia en 1495 con su nombramiento como arzobispo de Toledo. Constituye un largo periodo de servicio a la Corona de Castilla y es cuando se convierte en un verdadero Príncipe de la Iglesia.
    Tras detenerse un buen rato en el Museo viendo la exposición central sobre Cisneros, el visitante, como ya hemos dicho, podrá disfrutar de Sigüenza, siguiendo las indelebles huellas del Cardenal en la catedral y en el casco histórico, ayudándose en este caso por una útil guía de mano, muy bien editada por Aaache, y que cuenta con unos muy buenos textos de Pilar Martínez Taboada, Cronista Oficial de la ciudad. Como rezaba un viejo eslogan turístico que durante mucho tiempo se insinuaba a los viajeros junto a la A-2: “Sigüenza, la calle por museo”.
 


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