30/07/2017 / 15:03
Javier Sanz


Imagenes

Cosas veredes

“Yo he visto un dentista sin dientes, un alpinista con vértigo, un gitano haciendo footing...”.


La frase ha hecho fortuna, aunque –yo no lo recuerdo– parece que no está en El Ingenioso hidalgo don Quijote…Éste le dijo –no le dijo- a su escudero: “Cosas veredes, amigo Sancho, que farán fablar las piedras…” Más bien, aunque no al pie de la letra, aparece en el Romancero del Cid, donde el “veredes” no es sino “tenedes”. Lo cierto es que la sentencia corre por ahí, y no pareciera disparate en la prosapia del caballero de La Mancha. En cualquier caso, al cabo de la calle, venimos contemplando hechos que cumplen de sobra el augurio. Llegarán a hablar las piedras, pero no como quisieron los poetas. Algunos políticos parecen empeñados en que dar cumplimiento a lo que pareciera insólito.
Yo he visto un dentista sin dientes, un alpinista con vértigo, un gitano haciendo footing, un funcionario que se consideraba bien pagado, un picador delgado, un chino entrando a un banco a pedir un crédito, un turista con pantalón largo, otro en una catedral ¡sin camiseta de tirantes ni sandalias!, un universitario que no estudiaba por apuntes, diez camareros amables –el mismo mes–, un diputado currando en agosto, un chiringuito sin voces, ni moscas, unas fiestas populares sin concurso de tortillas, un partido político cumpliendo la mitad de su programa, un niño más feliz que sus padres en Disneyland, una pandilla de quinceañeros sin hacerse un selfie con un famoso, Paquirrín, por ejemplo. He visto cosas sorprendentes que, por otro lado, tampoco van más allá de la anécdota.
Sin embargo, creí que las sorprendentes eran las que veía del revés, por su incongruencia o rareza. Esta semana hemos dado la vuelta. Lo normal no es que un jefe de la policía –mossos de escuadra-, institución al servicio de la sociedad que no de los políticos, dimita cuando presiente que le van a hacer torcer la ley, sino que le supla alguien para eso. El pájaro que llega a suceder a Albert Batlle se llama Pere Soler i Campins, a quien le “damos pena los españoles”. Tampoco él hará fablar las piedras. Esperamos ver cosas aún más raras. De momento aquello es un sainete en el que los cómicos no terminan de darse cuenta de que los han llamado para interpretar al bufón. Pero salen vestidos de Napoleón convencidos de que ése es su papel ante la historia. A mí, don Pere, usted no me da pena. Me da risa. Muchas gracias.


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