05/02/2017 / 12:38
Jesús Orea


Imagenes

De las cabañuelas al calendario zaragozano

Todos los años me regala un buen amigo de Arbeteta un calendario zaragozano  que fundara en 1840 el astrónomo.


Apenas iniciado 2017, retomo en este “Guardilón” redivivo de papel un tema que ya he tratado en ocasiones anteriores, tanto en el “Guardilón” radiofónico como en mis blogs, primero en el desaparecido diario digital eldecano.es y, actualmente y desde enero de 2013, en guadalajaradiario.es. Se trata de la evolución de las formas de predecir el tiempo, hogaño atendidas más bien por curiosidad y planificación del ocio activo, pero antaño absolutamente determinantes para las gentes del campo pues de él vivían en 1950 la mitad de los trabajadores españoles y, a día de hoy, los agricultores y los ganaderos no llegan a ocupar ni siquiera el cinco por ciento del total de los empleos en nuestro país. Decía don Hilarión, en ese pedazo de zarzuela que es “La verbena de la paloma”, que “hoy los tiempos adelantan que es una barbaridad”. Y decía bien, a pesar de que lo dijo en 1894 –año en que se estrenó esta obra con música de Tomás Bretón y libreto de Ricardo de la Vega-, cuando los tiempos adelantaban más bien poco, al menos en comparación con los actuales en que, sobre todo en el ámbito de las tecnologías de la comunicación y la información, se ha avanzado más en tres décadas que en cinco siglos, de tal forma que, hasta hace bien poquito, el mismísimo Gutenberg podría haberse puesto al día en una imprenta tipográfica sin demasiado esfuerzo, mientras que ahora le parecería un mundo totalmente desconocido para él la edición e impresión digitales.
    Y en lo que también han avanzado los tiempos que es una barbaridad es en la predicción meteorológica, antes absolutamente precaria y acientífica, a pesar de ser muy útil y conveniente adelantarse al tempero para que los labradores y los ganaderos pudieran planificar debidamente sus tareas y que los meteoros no echaran por tierra esa planificación. Si los hombres del campo de antaño hubieran dispuesto de la veraz y puntual información meteorológica de que se dispone hoy, se habrían evitado muchos disgustos y muchos fiascos que sumar al sudor y las lágrimas que, antes de que llegara la mecanización al ámbito agropecuario, eran la verdadera gasolina en los labrantíos.
     A falta de satélites y demás elementos que desde hace ya unos cuantos años ayudan a predecir el tiempo, con una fiabilidad casi absoluta y una antelación cada vez mayor, antes se predecía a medio y largo plazo con métodos tradicionales que tenían más que ver con tareas propias de chamanes que de científicos o que se basaban más en cálculos de probabilidades que en certezas realmente previsibles. De entre estos métodos tradicionales de predicción meteorológica destacan las llamadas “Cabañuelas”, una técnica previsora de origen judío muy curiosa pues, en función del tiempo que hace cada uno de los primeros veinticuatro días de agosto, se predice lo que hará en los doce meses siguientes. Las Cabañuelas solían ser el método de previsión meteorológica a largo plazo más utilizadas en el sur de España y en Sudamérica, aunque también se tenían noticias de ellas en toda la península Ibérica, si bien, en las zonas más septentrionales de nuestro país, desde Cataluña hasta Galicia, había otro método de predicción meteorológica llamado de las “Témporas”. Se realizaban cuatro témporas, una por estación, y consistía en predecir el tiempo que iba a hacer los próximos tres meses, en función de la observación que se hiciese del cielo durante tres días seguidos, sobre la medianoche, correspondiendo cada día con un mes de la témpora que se trataba de predecir. No es seguro que éstas sean las témporas a las que se refiere ese conocido dicho de “no confundir el culo con las témporas” pues hay quien sostiene que esas son las sienes, en particular, y la zona temporal de la cabeza, en general. Dicho queda.
    Todos los años, por Reyes, con puntualidad inglesa y precisión suiza, me regala un buen amigo de Arbeteta -ese bonito pueblo ubicado en las tierras rayanas entre las altas alcarrias y las serranías del Alto Tajo que Layna Serrano llamaba curiosamente “la tercera Alcarria”- un “Calendario Zaragozano”, la publicación que fundara en 1840 el “célebre astrónomo” –así se le califica en la propia publicación- don Mariano Castillo y Ocsiero. Este calendario, que ahora se vende en su formato de libreto de bolsillo al precio de 1,80 euros, faltaba en muy pocas casas de labradores en décadas pasadas pues en él se incluían –y se siguen incluyendo- un “juicio universal meteorológico”, un “calendario con los pronósticos del tiempo”, el santoral completo, los días de celebración de ferias y mercados en las principales poblaciones de España, así como un amplio compendio de citas y refranes tradicionales. Esta información se amplía mucho más en el “Almanaque El Firmamento”, la versión en libro de 144 páginas del Calendario Zaragozano.
    He de decir que en lo que a la información de ferias y mercados de la provincia de Guadalajara se refiere, el Zaragozano se queda bastante corto pues tan solo incluye las citas de Atienza, Brihuega, Cantalojas, El Cardoso de la Sierra, Cifuentes, Hiendelaencina, Jadraque, Mondéjar, Molina de Aragón, Sigüenza y Torija. Evidentemente faltan bastantes, entre ellas el mercado de los martes de la capital –incluso también el mercadillo de los sábados-, sin duda el de mayor volumen de negocio de todos cuantos se celebran en la provincia, y la más importante feria de cuantas tienen lugar en ella, aunque sea sectorial: la Feria Apícola, de Pastrana.
    Por su curiosidad, voy a reproducir, literalmente, el “juicio universal meteorológico para toda España” recogido en el Calendario Zaragozano de 2017 para el presente mes de febrero, cuando todos sabemos que, en lo meteorológico y, por desgracia, cada vez en muchas cosas más, no hay solo una España, sino muchas: “FEBRERO.- Comenzará con tiempo frío, nublado; chubascos generales, vientos alborotados casi de continuo que provocarán fuertes marejadas, grosas para los navegantes; escarchas y heladas; mejorará al final, calmándose los vientos, con días despejados y húmedos, buenos para los campos, pero continuando frío”. Sin ánimo de contradecir las palabras ni de contravenir los intereses de los sucesores de don Mariano Castillo, este “juicio meteorológico” del Calendario Zaragozano para febrero de 2017 y “para toda España” es un pregón de lo obvio, como no podría ser de otra manera, pues ni siquiera la AEMET considera fiable ningún pronóstico del tiempo superior a diez días. Vamos que, según este popular calendario, en febrero está haciendo y va a hacer frío –se trata aún de las primeras semanas de invierno y los vientos dominantes suelen ser del Norte- y ha habido, hay y habrá escarchas y heladas, consecuencia de esos fríos y esos vientos. Lo de que se van a producir “chubascos generales”, a ver si es verdad, porque vaticinar que va a haberlos sí que es jugársela en estos tiempos progresivamente más secos. Como dice uno que yo se me y que va de torero que gusta de lidiar a toro pasado: “el uno de marzo te diré el tiempo que va a hacer en febrero…”
    Pero no solo de predicciones meteorológicas está compuesto el Calendario Zaragozano pues también se recogen en él algunas e importantes citas, como esta que acompaña el santoral completo de la primera quincena del mes de febrero y que, aunque no tiene nada que ver con el tiempo, es una sesuda reflexión del gran poeta mejicano, Octavio Paz, relacionada con la literatura, que es el campo para los que cultivan la inteligencia y la palabra: “No es poeta aquel que no ha sentido la tentación de destruir o crear otro lenguaje”. También reproduzco el refrán que acompaña esta misma página y que, en este caso, como en todos, sí está vinculado con las labores agrarias propias del tiempo que predice: “Quien en febrero no escarda ¿a qué aguarda?”. Y apunten quienes estén pendientes de los influjos de la Luna en la Tierra o, simplemente, gusten ver sus distintas fases: el 4 de febrero la luna estará en cuarto creciente a las 4,19 horas; el 11, a las 0,33 horas, alcanzará la fase de llena; el 18, a las 19,33 horas, estará en menguante, y el 26, a las 14,58 horas, llegará la luna nueva.


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