06/12/2017 / 18:16
Luis Monje Ciruelo


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Eficaz Constitución

Los políticos catalanes  seguro que ahora miran con respeto a la eficaz Constitución del artículo 155.

 


La Constitución de 1978,  que hace el número  seis de las que ha tenido España desde aquella primera que aprobaron las Cortes de Cádiz el  Día de San José de 1812 de San José, eso el pueblo, confianzudamente, la llamó “La Pepa,” es posible que pronto sea la penúltima puesto que todos los partidos, y el PP va cediendo, parecen empeñados en” mejorarla”, aunque lo de “mejorarla lo he puesto entre comillas porque  no me fío de las intenciones de alguno de ellos. Habrá que esperar a los resultados del 21-D para empezar a tomar en serio la posibilidad de su reforma, aunque también es posible que a la vista de los candidatos de los partidos independentistas quizá  lo aconsejable sea tentarse bien la ropa antes de retocarla, porque, desde luego, la Constitución que tenemos y que está a punto de cumplir cuarenta años,  no debe modificarse si no es con el asentimiento de todos, y visto el comportamiento de los independentistas catalanes, lo más probable es que esa peligrosa decisión se aparque y la dejemos vivir por lo menos otros diez años más en paz. Mientras no se suprima el artículo 155, claro.

     Los políticos catalanes  seguro que ahora miran con respeto a la eficaz Constitución del artículo 155, que el presidente Rajoy ha aplicado con oportunidad a los políticos desmandados, y dirán pestes de ella desde la cárcel, donde tienen tiempo para reflexionar  sobre sus errores, que están llevando a la ruina y a la discordia a Cataluña. Y si muchos elogiamos ahora esta Constitución no es por crítica oculta a Cataluña sino porque la hemos elogiado siempre por ser nuestra Ley de Leyes, la columna vertebral del Estado, aunque Agustín de Foxá, diplomático y poeta, escribiera sin mucho fundamento que “morir por la Constitución es como morir por el Sistema Métrico Decimal”, llevado, quizá por un nombre tan burocrático y administrativo.  Pero por la Constitución, que no es un símbolo de la Patria, como la bandera, sino la expresión de los valores de España, han muerto muchos, y otros hemos sufrido daños, pues  en el referéndum de 6 de diciembre de 1978,  por defenderla con mis artículos en Nueva Alcarria, ABC y La Vanguardia, de Barcelona, de lo que nunca me arrepentí, los partidarios de rechazarla, aprovecharon la noche y que mi coche estaba en la calle para pintarlo de negro y  rajarle las cuatro ruedas. Nunca  se supo quienes fueron, aunque lo sospechábamos. Quizás se prefirió no averiguarlo.


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