08/10/2017 / 13:24
Javier Sanz


Imagenes

El artículo

Los balcones del barrio son un crucigrama bicolor medio empezado, respuesta a la estelada. Madrid vs. Barcelona.


Nuria tiene que recoger un pantalón y la acompaño al autobús buscando la sombra de este veranillo de San Miguel que se ha bebido el último vaso de Entrepeñas. Son las siete y pega el sol en su retirada advirtiendo que mañana nos vemos a la misma hora. De pronto caigo en que Pedro Jr. habrá preguntado educadamente en el email que cómo va el artículo de esta semana. Bajo a casa buscando tema. En cada portal de umbría se me aparece la pareja dramática, Puchi y Junqueras, que a veces se me vuelve cómica si no fuera por lo que arrastran. Aburre el tema y aburren ellos, convencidos de su propia cantinela que ha encabronado al resto de España y despertado a Alfonso Guerra. No conviene ser recurrente y damos vueltas al panorama, pero en cada portal se me viene encima la pareja gris. El subconsciente se nos ha instalado como una pesadilla. Si fuera argentino ya andaba pidiendo hora al psicoanalista, uno por cada portal del que sale el dúo autómata al que da cuerda la CUP.
    Veo a lo lejos a mi vecina, que sube, de esbelto negro envuelto en verde hoja, y meto tripa. El verano me ha correspondido, ciertamente, y desde ya hago propósito de rectificar. Cerveza sin alcohol y renuncia a los pinchos. Andaré al amanecer y desayunaré fruta, después piscina, dieta a la plancha y alterne de agua con gas. Por estas fechas del 2018 cabré en el terno de Ponce. Nos cruzamos cuando ya estoy casi azul. Qué aroma deja mi vecina. “Buenas tardes.” Después me doy cuenta de que ya no se saluda así entre generaciones y ella pensará que, con ese saludo, su vecino es mayor de lo que parece. La respuesta de la policía el 1-O no me parece excesiva pues recuerdo que una noche subíamos por la Universitaria en grupo a la salida de clase, sin más, pararon cinco jeeps de grises, cruzaron la carretera y echamos a correr por el pinar, apareciendo al final de Reina Victoria. Les han reventado los cristales y han tirado la basura dentro. Es impopular, además del asunto catalán se esperan otras glorias y vendrán otras páginas.
La bandera, eso es, la bandera. Los balcones del barrio son un crucigrama bicolor medio empezado, respuesta a la estelada. Madrid vs. Barcelona. Dios, lo que será el Bernabéu cuando toque. Lo del Rey lo ha visto toda España y tiene opinión sobrada. La batasunización de tantos jóvenes catalanes me da pereza. Abro el portal y en el ascensor permanece el aroma de mi vecina. Entro en casa, coloco lo poco que traigo y voy a la mesa del despacho, enciendo el ordenador, al que tienen sitiado todavía muchos trastillos absurdos del verano que no se abren sitio en el borde de la librería, repleta de figurillas que hacen peña como si fueran figurantes de un cuento de Borges, quizá protagonistas. Pedro Jr., en efecto, ha preguntado hace media hora que cómo va el artículo de esta semana. Me pongo a ello.   
 


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