01/08/2018 / 21:10
Diana Pizarro- Rosa San Millán


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Entrevista a Magdalena Valerio, ministra de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social

Reproducimos la entrevista concedida en exclusiva a Nueva Alcarria y Guadalajara Media, que fue publicada el pasado viernes 27 en la edición de papel.

“Guadalajara es mi Guadalajara y espero estar a la altura del cargo”


La ministra de Trabajo repasa, tras 50 días en el Gobierno, sus principales encargos

 

Aunque había regresado a la función pública, Magdalena Valerio no dejó nunca la política activa. Ahora, sin embargo, da un paso de gigante al asumir el Ministerio de Trabajo del Gobierno de Pedro Sánchez, una figura en la que siempre confió.

Todo el mundo esperaba que tuviera un cargo relevante en un gobierno presidido por Pedro Sánchez. ¿Pero creía que podría ser el de ministra?

Todo ha sido una sorpresa: la moción de censura, el resultado y también que el presidente del Gobierno haya confiado en mí para tan alta responsabilidad como llevar un ministerio de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social. Son muchas personas, más de 40.000 trabajando en ese ministerio, un presupuesto por encima de 170.000 millones de euros y muchísima responsabilidad. Yo no me lo esperaba, pero cuando me llamó  no podía decir que no a Pedro Sánchez, al PSOE y a lo que representa en defensa de ideas de justicia social. Y lo que es más importante, no podía decir que no a mi país. Era un momento complicado, y si el presidente consideraba que yo podía aportar algo a la búsqueda de solución de los muchísimos problemas que hay en esta materia que me ha encomendado y si la ciudadanía de este país considera que puedo ser útil, aquí estoy.

Funcionaria de la Seguridad Social y del Inem, concejala, delegada provincial, consejera regional, diputada nacional… Y finalmente ministra de Trabajo. ¿Qué se siente al llegar a la cúspide de la política en el país?

Es muy emocionante. Siento por un lado mucha emoción, responsabilidad y muchísimo respeto, porque esto son palabras mayores. Es verdad que ha llegado en un momento de mi vida en el que ya llevo un rodaje personal, profesional y político. Yo he empezado desde la base, quizá eso no es lo normal. Empecé como jefe de negociado en la Dirección Provincial del Imserso. Y ahora, en 2018, tengo el honor de ser ministra de Trabajo. No creo que se pueda pedir más a una persona que ama el servicio público y a la que le encanta el derecho, sobre todo el laboral, y le apasiona la política. 

Usted es la primera ministra de Guadalajara. ¿Ha sentido el cariño de la ciudad, de su entorno, de su partido aquí en Guadalajara?

Cuando vengo los fines de semana y voy por la calle, es una parada y otra. Siento el cariño y el aprecio de la gente. Esta responsabilidad que he asumido me merece mucho respeto por la entidad de la  misma y porque no quiero defraudar las expectativas que se han creado, con el gobierno en general y conmigo en particular en la provincia de Guadalajara. Son 29 años aquí en Guadalajara. He echado raíces aquí. Hay gente que me pregunta si soy extremeña o alcarreña. Y yo soy ciudadana del mundo, nací en Extremadura, allí viven mis padres y allí están mis orígenes. Luego en Alcalá de Henares y Madrid viví mi primera  juventud y también me siento alcalaína y madrileña. Pero llevo 29 años en Guadalajara y aquí he echado raíces profesionales, políticas, personales… Guadalajara es mi Guadalajara y espero estar a la altura.

¿Cómo ha sido este primer mes y medio en el Gobierno después de un traspaso de poderes récord?

No ha habido lugar a sobrevolar el territorio para saber cómo aterrizar. Hemos aterrizado en tiempo récord y ha habido que ponerse manos a la obra en tiempo récord. En mi caso, el equipo de Fátima Báñez se ha portado muy bien, con altura de miras y sentido de Estado. Los primeros días estuve muy sola, hasta que empecé a proponer los nombramientos de mi equipo. Ellos hicieron un traspaso de papeles y temas pendientes, algunos muy urgentes. Un miércoles por la tarde estaba en mi puesto de trabajo en la Dirección General de Fomento hasta las 18.00 horas, y al día siguiente, jueves, estaba tomando posesión en el Palacio de la Zarzuela. Da la impresión que llevo mucho más tiempo que mes y medio porque ha sido todo muy intenso: muchos temas, ya he tenido varias comparecencias en las Cortes….

Su ministerio aborda temas tan sensibles como el paro, que sufren más de tres millones de personas. Un gran reto.

Me gusta decir que éste es el Ministerio de las personas. Dependen de nosotros las que están trabajando en este momento, y somos por suerte 19 millones de afiliados. Pero dependen de este Ministerio más de 3 millones de personas que quieren trabajar pero en este momento no tienen empleo. También dependen los cerca de 9 millones de pensionistas. Y, de otra manera, los niños y adolescentes de este país dependen de estas personas que acabo de mencionar. Por lo tanto, es un ministerio que tiene mucho que decir y de una manera u otra manera todas las personas están afectadas por nuestra agenda. Pero, lo fundamental son esos tres millones de personas en paro. Y para eso nos vamos a aplicar . Para los jóvenes, que tienen una tasa media de desempleo del 38 por ciento, queremos hacer un plan de choque. También nos preocupan mucho los parados de larga duración, los mayores de 45 o 50 años que han sido expulsados del mercado de trabajo y es fundamental cualificarlos y hacerles itinerarios personalizados. También las mujeres, que tienen una tasa de desempleo superior y más dificultades de acceso al mercado de trabajo. Y luego estarán las políticas activas de empleo en coordinación con las comunidades autónomas.

¿Los buenos datos de Guadalajara en materia de empleo sirven como referencia de lo que se quiere hacer?

Guadalajara siempre se ha caracterizado porque las tasas de desempleo han estado por debajo de la media nacional. En mujeres estamos en el 16 por ciento, un poco por debajo de la media nacional, y por supuesto, en hombres el paro es de algo más del 10 por ciento, es decir, bastante por debajo de la media nacional. Ésa ha sido siempre la tendencia. Porque el Corredor tiene mucha potencia, en su momento industrial y ahora con una logística muy pujante. Pero claro, en Guadalajara hay que trabajar las dos realidades, la del Corredor del Henares, que es más pujante desde el punto de vista económico con más presente y más futuro, pero también hay que cuidar la Guadalajara rural. Esa realidad con despoblación. 

En cuanto a la reforma laboral, ¿por qué no se deroga directamente?

Hay que tener altura de miras y ponerse los listones altos. Pero en la vida hay que buscar un equilibrio entre ese idealismo y tener los pies en el suelo. Y este Gobierno es consciente de la aritmética parlamentaria con la que hay que trabajar. Con 84 tenemos que sacar adelante algunos cambios normativos.  Por un lado creemos que el Estatuto de los Trabajadores actual está ya obsoleto. Data de los 80 y hay que hacer un estatuto que sea del siglo XXI. Vamos a ver en qué temas hay consenso suficiente para tocar los aspectos más negativos del Estatuto y mejorar las condiciones de los trabajadores de este país. Por ejemplo, creo que hay bastante consenso para reformar el artículo 42 que regula la subcontratación. Vamos a ir a por ello. También hay bastante unanimidad en que los convenios colectivos tienen que estar en vigor hasta que el que se está negociando esté aprobado. Ya hay sentencias del TS que lo han tocado. Por ejemplo, habrá bastante unanimidad para que los convenios sectoriales vuelvan a primar sobre los de empresa. Hay que volver a dar poder a las organizaciones sindicales, porque los trabajadores a título individual están en inferioridad de condiciones.  En esos tres aspectos va a haber acuerdo para modificar el Estatuto. También en el control de las horas que se trabaja, que haya un registro para que  no se abuse del contrato a tiempo parcial. Es decir, este Gobierno va a ser realista y va a ponerse a negociar con los agentes sociales y los grupos políticos para reformar los aspectos más negativos de la reforma laboral.

Respecto al Pacto de Toledo y conociendo su trayectoria. ¿Siente más responsabilidad?

En 1995 nos pusimos de acuerdo todos los grupos políticos para crear el Pacto de Toledo. Es verdad que el que gobierna tiene un plus de responsabilidad para poner posibles soluciones sobre la mesa. Pero el Pacto de Toledo es una gran responsabilidad en este momento de todos los grupos políticos. Porque tenemos que renovar las recomendaciones del Pacto, algo que había que haber hecho en 2016. Y luego algo esencial: por suerte el gobierno propone, pero el diálogo social lleva sin reunirse desde la primavera del año pasado y se va a reunir la semana que viene. Y hay que empezar a ofrecer soluciones porque en este momento hay que mirar al futuro con optimismo. Quiero que la ciudadanía de a pie tenga esperanza en el sistema público de pensiones, pero en este momento tiene problemas porque a lo largo de seis años ha habido una devaluación salarial, de cotizaciones… Hay que racionalizar y reordenar gastos. Y más empleo de más calidad con mayores cotizaciones va a ser fundamental para que la Tesorería se recupere. Pero tenemos que adoptar medidas vía presupuestos o impuestos especiales. Porque afecta a los más de 9 millones de pensionistas presentes, pero también a los casi 19 millones de trabajadores presentes y a los que estén por incorporarse al mercado de trabajo. Porque este es un sistema de solidaridad entre generaciones. Me he puesto manos a la obra y voy a perseverar, y espero, si lo consigo, poder decir que me voy a jubilar tranquila y teniendo la convicción de que he hecho un servicio a este país.

El Gobierno también ha registrado un cambio de rumbo en materia de refugiados tras abrir los puertos a barcos como el Aquarius, medida tachada por algunos como populista. Como encargada de Inmigración, ¿cree que Europa se pondrá de acuerdo al respecto?

Tiene que haber una política migratoria común en Europa. Pero tildar de populismo una acción humanitaria de abrir el puerto de Valencia al Aquarius... Me parece que quizá los populistas son lo que intentan enfrentar a los pueblos, establecer diferencias y cerrar las fronteras. Porque, si es verdad que ha de haber un control de fronteras, realmente lo que debemos hacer es que en ciertas partes del mundo no haya guerras, miserias y hambre para que no haya efecto huida. Hay que trabajar mucho en los países de origen. Pero, para nada creo que sea populista una acción humanitaria. Lo que no debemos permitir es que el Mediterráneo se convierta en una gran fosa común. Nuestra mayor presión migratoria la tenemos en el sur, por lo que el problema no es el Aquarius. Así que también hay que ayudar a los países que sufrimos esta presión migratoria.

Cuando dejó de ser diputada, ¿se tomó realmente un tiempo alejada de la política o siguió vinculada activamente al partido?

Lo mío con la política no tiene arreglo. Mi pasión por la política como defensa de unas ideas, servicio público, estar muy pendiente de lo que pasa en mi país y en el mundo, a veces menos pendiente de mi familia y de mí misma, empezó con 13 años en Alcalá de Henares en la asociación de vecinos del barrio Reyes Católicos. Y luego vino el movimiento estudiantil. Posteriormente estuve 18 años un poco apartada para terminar mi carrera, capacitarme profesionalmente y tener a mis hijos. Cuando he tenido cargos institucionales y políticos, porque los he tenido, y cuando no, porque me va mucho la marcha y nunca sé decir que no. Y ahora había vuelto a la función pública, pero Sánchez, en 2016 me pidió que colaborase con él en un equipo que formó para que llevara el tema de pensiones. Y cuando dimitió Sánchez yo estuve animándole para que se volviera a presentar a lo que yo llamo, de broma, las secundarias. Estuve en el equipo de apoyo a Sánchez desde el primer momento, lo coordiné y recogí avales en Castilla-La Mancha, todo eso cumpliendo con mi trabajo de funcionaria. Así que han sido casi dos años y medio en los que, en teoría, iba a dejar la política e iba a dedicarme sólo a ser funcionaria, cuidarme y leer literatura. Pero nada.

Formó parte del grupo de expertos de Pedro Sánchez en 2015. ¿Se sintió ya en ese momento ministrable?

Llevo muchos años de rodaje en la vida. Y me ha pasado de todo. De no estar en ninguna quiniela para ningún cargo y, de repente, verme en él. También de estar en las quinielas y para nada luego encomendarme su ejercicio. Así que ya no me hago ilusiones. La ilusión para mí es vivir el día a día, me considero una superviviente tras superar una enfermedad muy grave. Y yo que estaba en las dos elecciones en los equipos de Pedro Sánchez, el llamado gobierno en la sombra, cuando alguien me decía que yo iba a ser ministra, yo siempre decía: “Demasiado ministrable para tan pocos ministerios”. Y hasta que no me llamó el presidente para que asumiera esta responsabilidad, no me lo creía. Es más, cuando me llamó, igual que hice con Alique o Barreda, le pregunté: “¿crees que estoy capacitada”. Siempre tengo esa duda sobre mí. Aunque tenía experiencia política, ser ministra es mucha responsabilidad. Y el presidente me animó a decir que sí. 

Ha sido de las que siempre confió en que Sánchez llegaría a la presidencia del Gobierno. ¿Cómo lo conoció?

Lo conocí en Ferraz en alguna reunión del partido a finales de la década del 2000. Luego, cuando yo fui candidata a la Alcaldía de Guadalajara, vino a un acto en el Brianda de Mendoza que cerró Rubalcaba. Ahí tuve ocasión de charlar con él. Más tarde, él se quedó en puertas de ser diputado en 2011, pero cuando Cristina Narbona se marchó al Consejo de Seguridad Nuclear, entró al Congreso. Ahí, a lo largo de 2013, tuvimos muy buena relación, porque tiene una característica que me parece importantísima: le gusta trabajar en equipo. Como fue jugador de baloncesto valora mucho el equipo, pues no todo lo puede hacer el entrenador. En se momento, él iba a varias tertulias de televisión justo cuando se estaba debatiendo la ley de pensiones. Así que Pedro Sánchez escuchaba mis intervenciones en el Parlamento y me mandaba mensajes. Y cuando iba a alguna tertulia me llamaba para poder hablar con propiedad. Luego, Ramón Jáuregui le pidió que le ayudase en trabajos preparatorios de la conferencia política del PSOE de noviembre de 2013, y ahí hubo más relación. Porque yo le traje a Guadalajara a que nos contase como iba eso. Dijo: “Yo sé de pensiones, pero tú sabes más”. A mí esa actitud me impresionó. 

¿Le animó directamente a dar un paso adelante?

En esa época, Rubalcaba era un hombre de Estado, pero estábamos estancados. Así que no sólo yo, sino más personas, empezamos a decirle que los jóvenes tenían que dar un paso al frente. Y en ese periplo que hizo por España, él empezó a escuchar eso, recapacitó y dijo, por qué no. En enero de 2014 me llamó para decirme que iba a tirar para adelante y yo le animé. Y le dije que le veía presidiendo el gobierno de España. Que le veía defendiendo a España en Europa y que iba a ejercer liderazgo en Europa. Cumplía una serie de requisitos: una edad razonable, preparación, cualificación, sale por ahí y se entiende en castellano, un idioma muy digno, pero también inglés y francés. Es doctor en Economía, ha trabajado en la empresa privada, ha sido concejal, diputado y encima tiene buena planta.  Es una persona decente, digna, trabajadora, incluso una característica que valoro mucho, muy centrado con su familia, su mujer, su padre, sus hijas… Lo visualicé en ese momento, y el primer día que me vi en La Moncloa en el Consejo de Ministros, con Pedro Sánchez presidiéndolo, alguna lagrimita me cayó cuando me tocó intervenir.

De este Gobierno se ha destacado la mayoría de mujeres, pero también la profesionalidad. ¿Qué siente?

Ésa es la responsabilidad que tenemos todos, incluido el presidente. Esto ha sido un revulsivo muy bueno que se estudiará en la historia de este país y en los manuales de estrategia política. El PSOE, con Sánchez a la cabeza, ha sabido estar en el momento y el lugar oportuno  y ha sabido ver que este país necesitaba un cambio, que va a venir bien hasta al propio PP. Ha sido todo muy rápido y ha generado ilusión. Antes parecía que íbamos a remolque, así que el cambio ha sido un revulsivo. Ha generado ilusión, expectativa, esperanza de futuro y de mejora de muchas cosas. Ahora toca gestionar estas expectativas. Por eso hay que introducir dosis de realismo. Que nadie piense que tiramos la toalla. Son muchas las medidas que se están tomando y muchas más las que se van a tomar. Que esta legislatura cunda lo más posible. Hay una sensación para ponernos de acuerdo en los grandes temas del país, tanto los grupos políticos como los agentes sociales.

¿Confía en que el PSOE coja impulso con este gobierno para ganar las próximas elecciones?

Nuestro objetivo es, el tiempo que nos queda, dejar este país mejor que nos lo encontramos. Y llegar a las siguientes elecciones habiendo ganado credibilidad, fuerza y que las personas digan que somos útiles y que siguen confiando en nosotros. Primero tenemos las municipales, autonómicas y europeas, que va a ser una reválida. Es verdad que las encuestas van mejor, pero sólo me fío de la de las urnas.

Muchos guadalajareños confían en su mediación en asuntos que competen a la provincia como los trasvases.

El Consejo de Ministros es del Gobierno de España. Evidentemente, cada uno de nosotros tiene un origen y yo tengo muy claro que mi origen político es Guadalajara. Pero lo acaba de decir la ministra de Transición Ecológica, algo excepcional como los trasvases no se puede convertir en una norma general. Hay que ir buscando recursos  hídricos en el Levante. No puede ser que allí se vayan incrementando las necesidades sin tener en cuenta el agua que tienen. Hay que apostar por las desaladoras y el trasvase tiene que ir en declive. Y en esa línea va a trabajar el Gobierno de España con la ministra Teresa Ribera a la cabeza, que es una conocedora de las necesidades del medio ambiente, el cambio climático y que se va a tomar muy en serio esta situación.


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