06/02/2018 / 13:53
Jesús Fernández


Imagenes

Farsa y falsa democracia

La mentira de los políticos ante la población es una de las mayores fuentes de corrupción.


 La esfera pública se ha convertido en una atmósfera. Los dirigentes políticos han convertido a la población en víctimas de sus promesas visionarias. Esto ya no es ni siquiera utopía, es engaño y falsificación de una  aspiración  inventada y ofrecida como promesa y representación de la realidad. Sueños e ideología mezclados con intereses indisimulados. Y el pueblo como masa (Ortega) y rebaño (Unamuno) les sigue. Estamos en un momento muy peligroso como es pasar de las mentiras en democracia a creer en la democracia mentira. De pensar en aquello de la verdad os hará libres a creer que la única verdad es la libertad. Así no se puede construir una sociedad. Comienza el escepticismo general. La convivencia hay que asentarla en las bases de la verdad y de la transparencia. No se entiende el seguidísimo en el pueblo y que tanta gente sirva a los intereses egoístas de unos pocos a no ser que se privatice el esfuerzo y se  universalicen los intereses.
    El engaño es un fenómeno universal y ha existido siempre a lo largo de la historia. Modernamente, ha entrado a formar parte esencial de la estrategia y de la lucha política de tal manera que hoy la mentira tiene o se le concede un poder y ha entrado a formar parte del “orden” y del lenguaje político. La vida actual exige mucha información y uno siente su existencia ligada a esa información que, por sí solo, no puede controlar y encarga o confía a otros su control o verificación. En las sociedades modernas se acepta la mentira y la falsificación de las ideas y de las estrategias como sistema y todos participamos de esta gran farsa que es la vida en común. Esto es lo importante, que muchas vidas y decisiones  están ligadas a una información y dependen de ella.
    La mentira de los políticos ante la población es una de las mayores fuentes de corrupción. De las personas, la farsa y el engaño pasa a las instituciones y a los sistemas  constituyendo esa atmósfera o burbuja de la que hablábamos al principio. Así se originan los “maquiavellos” y los “príncipes” de hoy. Todo ello desemboca en la convicción agustiniana: los dirigentes políticos y gobernantes que no tengan en cuenta la justicia y el bien de los ciudadanos, se convierten o se asemejan  a una banda de ladrones. El Renacimiento fue la rehabilitación de la mentira en política. Estamos asistiendo a un nuevo renacimiento. Con la democracia moderna, el engaño y la falsedad han pasado a los sistemas y a las organizaciones. Verdad y mentiras se unen y se confunden con el Estado e iguala a los gobernantes y a los gobernados equiparando  la manipulación a la honestidad. El pueblo ha llegado a la triste conclusión de que todos los políticos mienten y que la mentira se ha convertido en una herramienta diaria que genera desconfianza. Esta es la muerte de la democracia.


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