06/01/2018 / 12:36
Antonio Yagüe


Imagenes

Gilis a manta

Dice un amigo que en todo grupo humano hay un 10% de ellos.


Empieza a ser frecuente en tertulias audiovisivas y redes sociales llamarse gilipollas. Parece que cada día son más abundantes. Un apreciado colega sostiene la teoría, y piensa desarrollarla en una tesis doctoral, de que en todo grupo humano hay un diez por ciento de ellos. Y que si no das con el poseedor de esa condición, tan hispana que no tiene traducción a otras lenguas, es que el gilí eres tú.
    Pone el manido ejemplo de los dentistas y dietistas. Uno de cada diez recomienda masticar chicle o tomar dulces sin azúcar. Ahí está, hay uno que sí, o sea, el diez por ciento. El colega lo extrapola hasta el punto de que también serían gilipollas “tirando por lo bajo”, un diez por ciento de la población. Nada menos que 4.656.000 españoles, 824 habitantes del Senorío de Molina, supervivientes al desierto demógrafico y al frío, y 35 diputados del Congreso, la más alta institución del Estado.
    Mi amigo tiene comprobado con estadísticas, y apunta nombres, que en todo equipo de fútbol con el Real Madrid y el Barça a la cabeza, hay un gilipuertas, como también se les llamaba eufemísticamente antes.Y si se toma la plantilla completa, al menos dos. También defiende que, en nuestro entorno más cercano, como los grupos de wasap, la proporción se dispara. Sobre todo cuando llegan las fiestas de Navidad, bodas y otros eventos familiares.
    Pudiera ser que en algunos sean más numerosos y en otro menos. Como explican en primero de cualquier carrera, las estadísticas son una gran mentira:  yo me como dos pollos y mi vecino ninguno, pero certifican que uno (de media) por cabeza. Me abruma calcular que de los 80 vecinos que viven en mi bloque ocho son gilís, se lo hagan o no, y que entre mis 1.820 seguidores en Faccebok, 182 también lo son. Y en Twitter, parecido. Igual uno soy yo. Menos mal que, si tengo cinco cuñados, me tocaría medio gilipollas, pero eso es imposible.
    Lo tengo más complicado con los amigos. Uno de ellos, Serafín Monge, hombre leído y con fina retranca jarabeña, asegura que “es lo que hay, maño”. Apunta que el porcentaje se queda corto en toda España, incluida Castilla, Aragón y hasta Tabarnia. Visto lo visto, en la matriz de esta posible comunidad futura, podrían llegar al 30%. O más.


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