08/10/2017 / 13:19
Jesús Orea


Imagenes

Guadalajara, una provincia/plató de cine

Tengo referencias muy directas del rodaje en parajes de Taracena y el vecino Iriépal de ´Los últimos días de Pompeya´y la versión de Stanley Kubrick de ´Espartaco´, dos grandes películas.


La provincia de Guadalajara ha sido escenario frecuente del rodaje de películas -algunas de ellas grandes superproducciones- para el cine y la televisión por varias circunstancias, pero fundamentalmente por dos: su cercanía a Madrid, lo que abarata costes de producción, sobre todo logísticos, y, por supuesto, la variedad y singularidad de los paisajes que reúne nuestro territorio y que permiten ambientar en ellos escenas cuyos decorados reales distan muchos miles de kilómetros de aquí.
    Hace ya tiempo que el “croma” -esas pantallas verdes que se colocan al fondo en la filmación de una escena para después, en la fase de montaje, insertar en ellas el paisaje o decorado que se desea- posibilita a los realizadores que, sin desplazarse de un estudio o de cualquier contexto interior o exterior que favorezca su producción, la secuencia previamente filmada, una vez montada, se sitúe dónde se quiera; pero eso antes no era posible, por lo que, sobre todo las grandes producciones, tenían dos opciones: filmar en el entorno real marcado por el guion de la película o localizar exteriores que dieran el “pego”, es decir, que se parecieran lo suficiente al paisaje pretendido como para pasar por ser él mismo. Y es en esta circunstancia en la que nuestra provincia se ha mostrado siempre como un escenario muy versátil y capaz de convertirse, para el cine, en lugares tan llamativos como, por ejemplo, el Vesubio (Taracena en “Los últimos días de Pompeya”, de Sergio Leone y Mario Bonnard, 1959), la Italia más meridional que surca el río Silario (Taracena e Iriépal en “Espartaco”, de Stanley Kubrick, 1960), Troya (Atienza en “Las troyanas”, de Michael Cocoyannis, 1971) o Macao (Brihuega en “Una historia inmortal”, de Orson Welles, 1968). Evidentemente, son muchas más las películas y series televisivas que se han filmado en la provincia de Guadalajara, pero hemos citado estas cuatro por tratarse de grandes superproducciones, al tiempo que obras firmadas por reputados directores e interpretadas por grandes estrellas de Hollywood, como Kirk Douglas, Laurence Oliver, Jean Simmons, Katherine Hepburn o Vanessa Redgrave.
    Como es público y notorio, el último paraje de nuestra provincia escogido para la filmación de una gran producción ha sido el molinés castillo de Zafra, una espectacular fortaleza medieval roquera, ubicada en el término de Campillo de Dueñas, y que sirvió para ambientar una escena de un capítulo de la sexta temporada de “Juego de Tronos”, una de las series televisivas de mayor éxito mundial en los últimos años, si no la más, hasta el punto de que, sólo en Estados Unidos, 28 millones de espectadores siguieron el capítulo en el que aparecía la escena filmada en Zafra. Muy lejos de esas cifras y con una repercusión limitada al ámbito doméstico, la última serie de televisión que ha elegido Guadalajara -concretamente el antiguo taller de ajuste del TYCE en el Fuerte de San Francisco- como plató de rodaje ha sido “Víctor Ros”, protagonizada por Carles Francino.
    Por razones de familiaridad pues Taracena es mi “matria chica” -si se me permite la expresión- y aunque, por cuestión de edad, no lo pude vivir en persona, tengo referencias muy directas del rodaje en parajes de este pueblo y el vecino Iriépal de dos de las películas que he citado previamente: “Los últimos días de Pompeya” y la versión de Stanley Kubrick de “Espartaco”.
    El primero de estos dos filmes, como ya he apuntado, lo dirigió Sergio Leone, que se encargó de completar el trabajo apenas iniciado por Mario Bonnard. El italiano Leone es especialmente conocido por ser el director de la trilogía de películas que sublimó el llamado “Spaghetti-western”: “Por un puñado de dólares” (1964), “La muerte tenía un precio” (1965) y “El bueno, el feo y el malo” (1966), protagonizadas por Clint Eastwood y con unas reconocibles y archiconocidas bandas sonoras de Ennio Morricone, sobre todo la de la segunda de ellas. Pues bien, el director italiano, unos años antes de imbuirse en la realización en Europa de películas ambientadas en el oeste americano, fue el director de “Los últimos días de Pompeya”, película “de romanos” ambientada en los días previos a la erupción del Vesubio que destruyó Pompeya y Herculano en el año año 79 d. C. Los productores de esta película, con la que Leone dio el paso de guionista a director, eligieron un pequeño cerro de Taracena, conocido con el nombre de “Cogorro” -en algunos mapas y en documentos catastrales figura como “Coborno” o “Codorno”-, situado a los pies del alcarreñísimo Pico del Águila, junto al cruce de la A-2 con la R-2 y la CM-1003 (la carretera que lleva a Tórtola de Henares), para simular el Vesubio. 250 Kilos de dinamita, combinados con unas decenas de bidones de benzol y alquitrán, consiguieron el efecto de la erupción volcánica.
    Apenas un año después, en los primeros días de noviembre de 1959, a apenas medio kilómetro del Cogorro/Vesubio, en este caso cerca de otra alcarreñísima formación montañosa, la Peña Hueva, situada entre los antiguos términos municipales de Taracena e Iriépal, el gran director norteamericano Stanley Kubrick rodó la espectacular escena final de “Espartaco”, una sangrienta batalla entre los esclavos que unos meses antes se habían levantado contra Roma -liderados por Espartaco/Kirk Douglas, también productor del film- y el poderoso ejército romano, con triunfo final de éste, como no podía ser de otra manera. “Espartaco” fue una de las grandes superproducciones de la época pues su presupuesto se elevó a más de 12 millones de dólares, aunque consiguió recaudar casi el triple, y fue reconocida con cuatro Oscar de Hollywood, al de la mejor fotografía en color, mejores diseños de producción y de vestuario y mejor actor de reparto (Peter Ustinov).
    El rodaje de esta película en Taracena e Iriépal -otros escenarios españoles en los que se ambientó fueron Alcalá de Henares, Colmenar Viejo y Navacerrada- despertó una inusitada expectación, contándose, incluso, por miles los espectadores que acudieron a presenciarlo, entre ellos el grupo de vecinos de Taracena que se ve en la foto que acompaña este texto, tomada por un periodista americano que cubría la información y que tuvo el detalle de fotografiarlos y después hacerles llegar por correo una copia. Fue la primera fotografía en color que vieron los retratados, entre los que se encuentran varios miembros -en este caso, “miembras”, que (mal) diría la exministra Aído- de mi familia, que me la han facilitado y que convendrán conmigo en que constituye todo un documento.
    Fueron 4000 los extras que participaron en el rodaje de las escenas filmadas en estos dos pueblos, entonces municipios independientes pero que son barrios anexionados a la capital desde finales de los años sesenta, de los que alrededor de 500 eran de Guadalajara y el resto venidos, fundamentalmente, de Alcalá de Henares, gran parte de ellos soldados que llegaron en autocares, camiones e, incluso, caballos, que después participaron también en la película. Los vecinos de la capital y alrededores que quisieron participar como extras se tuvieron que apuntar en las oficinas de “Colocación Sindical”; entre los extras guadalajareños de “Espartaco” se contó con un grupo de alumnos de último curso de la Escuela Normal de Magisterio que destinaron sus emolumentos al proyecto de viaje de fin de carrera que querían realizar a Andalucía y Canarias. Por cierto, ninguno de los dos actores principales de la película se dejó ver por Guadalajara; fueron suplidos por dobles que, según la información publicada en Nueva Alcarria de 14 de noviembre de 1959, “tenían un parecido asombroso con Kirk Douglas y Jean Simmons”.
    El tiempo de otoño que acaba de principiar es una época muy adecuada para disfrutar de los variopintos, hermosos y singulares platós/paisajes que ofrece Guadalajara, una provincia “de cine”, como hemos visto.
 


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