14/08/2018 / 14:04
B.O.R.


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La ganadería también es cosa de ‘millennials’

A sus 32 años, Carlos Alcázar Barona dirige su propia explotación agrícola en Mondéjar.


Son las 21.00 horas de un domingo, pero a Carlos todavía le queda un rato en la granja. Para él las semanas no empiezan ni terminan, son sólo una sucesión de días laborales en los que hay algo seguro: las ovejas tienen que comer.

Carlos Alcázar Barona tiene 32 años. Vive en Mondéjar (Guadalajara), donde tiene su explotación ganadera, pero afirma que también es de Almoguera. Lleva toda su vida entre animales. No hay cosa en esta vida que le guste más. 

Así lo hizo saber en su familia cuando terminó sus estudios, con 17 años. Quería ser la quinta generación de ganaderos. Su padre, ganadero porcino, que quería que viese lo dura que era esa vida, le mandó a trabajar a explotaciones a Barcelona durante un año. “Mi padre intentó que me hicieran trabajar tanto que no quisiera saber más de esta vida, pero yo llevaba desde los tres años siendo feliz cuando acompañaba a mis abuelos a cuidar de sus animales”.

Pasado aquel año, Carlos volvió a la Alcarria para trabajar en la explotación de su padre. Allí estuvo durante cuatro años, dejándolo temporalmente para dedicarse a otra de sus pasiones: los caballos. Cuidarlos, domar potros o dar clases de monta ocuparon su tiempo a lo largo de los siguientes tres años.

 

Su propia explotación

Pero el sueño de Carlos era tener su propia granja de ovejas. Los mejores recuerdos de su infancia los tenía junto a estos animales, acompañando a su abuelo. Así en el año 2010, con 24 años en el DNI, da el salto. “Pedí los préstamos que hizo falta, mi familia me avaló en lo que pudo, arreglé unas antiguas explotaciones de mi padre y compré 120 corderas y tres machos. Hasta que empezaron a parir los primeros corderos pasaron ocho meses, pero tenían que comer todos los días”. 

Y comenzó con la rueda anual en la que se ha convertido su explotación. “Paren, las ordeñas, dejas las hembras para ir ampliando y el resto los vendes. Paren, dejas otras pocas. Otro año no puedes dejar porque necesitas vender todo. Y un año, y otro, y otro…”. Así hasta llegar a su rebaño actual de alrededor de 550 ovejas. 

Pero para llegar hasta ahí ha tenido que pasar por momentos muy complicados. Incluso en algunas ocasiones ha tenido que compatibilizar la granja con otros trabajos, para poder mantenerla. “Siempre he pensado que lo que empieza fácil tiene los pies muy cortos. Sabía que iba a ser muy duro empezar una ganadería de cero, que parte de mi juventud se me iba a ir, pero si lo pongo en una balanza, estoy muy orgulloso de lo que he conseguido hasta el momento. Ha merecido la pena”.

La granja hoy

Carlos sigue con su afán de ver crecer su explotación. “Con unas cuantas ovejas más, con precios de la leche y del cordero normales y con compradores serios, se puede vivir de la ganadería”. Por ello, quiere llegar hasta tal volumen de negocio que incluso pueda contar con algún empleado –ahora sólo se apoya en su padre para sacar adelante todo el trabajo–. “Así a lo mejor se puede llegar a librar algún fin de semana y todo”, bromea.

Pero si le preguntan por su objetivo más ambicioso, contesta sin dudar que es poder construir su propia quesería. “Esa es la meta principal. De esta manera conseguiríamos cerrar el ciclo, nosotros controlaríamos todo el proceso productivo y tendríamos mayores beneficios”.

Además, no se ha olvidado de los caballos. Una parte de su explotación está dedicada a ellos, en unas cuadras con ocho ejemplares. “Antes cuidaba caballos de otras personas, domaba potros y daba clases, pero ahora están principalmente para el disfrute de la casa. Alguno se vende, pero no es el negocio principal”.

 

El mercado

Analizando el actual mercado para los ganaderos, sólo habla de problemas. “El libre mercado de la Unión Europea hace que venga mucha leche y muchos quesos de Francia. Y viene con precios muy por debajo a los españoles, porque el Gobierno francés cuida a sus ganaderos, no como el nuestro”.

Sin embargo, ese mercado común no ha supuesto las ayudas que se presuponen. “Los agricultores sí que reciben mucho apoyo, pero los ganaderos casi nada. Hay ayudas, pero son intrascendentes, en mi caso de unos 3.000 euros al año”. 

No obstante, tampoco pide más. “Yo lo que quiero es que el precio de la leche sea decente, que tenga su precio normal. O los corderos, que están a precios de hace 30 años. Para que te hagas una idea, un cordero estará ahora mismo en los 40 euros de su precio de venta. A mi me cuesta ‘hacer’ un cordero unos 32 euros. Con ese margen, con que se te mueran unos pocos en una camada, adiós al beneficio”.

Pero con todo ello, con todos los problemas que ha tenido y todos los que va a tener,  Carlos se muestra satisfecho con su trabajo. Por el trabajo realizado, por recibir el apoyo general de toda su familia, por seguir avanzando hacia la granja que sigue soñando. “Es fundamental que tú vivas tu ganadería. Un ganadero se jubila, y como sigan sus hijos en el negocio, se muere allí. Pero se muere feliz”, finaliza.


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