04/11/2017 / 12:49
Antonio Yagüe


Imagenes

La guerra del cangrejo

El cangrejo rojo no está solo en este conflicto social y económico.


Parece que al gobierno de Rajoy si pone un circo, le crecen los enanos. Ahora toca por el sur. Los protagonistas no son unos secesionistas contumaces sino unos insignificantes bichos, pero muy importantes en Andalucía y hace años en boca de todos en esta tierra, como delicia gastronómica y soporte económico de muchas familias molinesas: el cangrejo. Ocurre que el amigo americano que acabó en los setenta con el nuestro autóctono, que en realidad era italiano, se ha afianzado de tal manera que solo en la cuenca del Guadalquivir su facturación ya supera los 20 millones de euros anuales y da de comer a más de 6.000 familias. El problema, sin entrar en la polémica puramente ecológica por los daños al ecosistema, es que el animal ha sido incluido por los más altos tribunales en la lista de las denominadas ‘especies invasoras’, lo que lleva consigo la prohibición de comercializarlo y  su erradicación.
    Ha pasado un poco que, como en el llamado problema catalán, los sucesivos  gobiernos no han hecho nada ante la expansión, por ejemplo, del alga asesina que invade el Mediterráneo, la almeja asiática o el mejillón cebra que incluso ponen en peligro algunas infraestructuras hidráulicas, la hierba de la pampa, el mosquito tigre, el picudo rojo, el visón americano, la cotorra argentina, el árbol ailanto o el mapache, que ya está colonizando los ríos madrileños y nuestro Henares.
    El cangrejo rojo no está solo en este conflicto social y económico. El Gobierno insiste en indultarlo junto a la carpa común, la trucha arco iris, que pescan miles de aficionados en España, y el arruí, un bóvido originario del norte de África, muy apreciado por su carne en la parte de Murcia. Con la lógica oposición de los ecologistas, de todos los partidos y la ambigua postura de Ciudadanos. Salvando las distancias, otra especie de artículo 155. Los expertos se lavan las manos, pero advierten de que dejar de pescar el cangrejo de repente invadiría los arrozales y arruinaría a los arroceros. Además, dada su reproducción a velocidad de vértigo, parece que ya no hay forma humana de eliminarlos. Nos queda la nostalgia adolescente de aquellas sabrosísimas pescatas en   Molina, Mochales, Villel, Turmiel, Rillo, Orea…  Hasta que comprobamos de verdad que empezaban a nadar hacia atrás, hasta la extinción.
 


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