15/04/2018 / 10:33
Jesús Fernandez


Imagenes

La izquierda se duplica

Aprovechan cualquier aparición de indignación y descontento para hacerse notar.


La izquierda no se divide sino que se duplica. Es la teoría del mercurio que, cuando se parte, no disminuye sino que se multiplica. Está todo en cada una de sus partes. No es una fracción sino una reproducción. La izquierda es toda una constelación y un partido orbital. Obedece a los mismos principios. Por eso no podemos hablar de nueva o vieja izquierda, pues es siempre la misma. Por eso también, muchos dirigentes se encentran cómodos bajo el título de “la izquierda”. Así se presentan y engañan a los jóvenes. Esto no es metafísica sino sociología. Por mucha división que haya, ellos son únicos, la izquierda, la única izquierda.
    Aprovechan cualquier aparición de indignación y descontento para hacerse notar. Van detrás de la sociedad pero se ponen al frente de ella para dirigir los movimientos. No son originales, no tienen iniciativas propias de los principios o ideas. Sólo ofrecen protesta y utopía. Ha perdido mucho influjo. En su zenit y plenitud de los años 70 marcaba los tiempos y los ritmos de la cultura y de la educación a la población. Pero se ha acabado el recreo y ya no hay nadie en el patio. Cada uno ha ido a cuidar su parcela. Ya no tienen las bases de antes. Hay que buscar nuevos apoyos, pueblo nuevo. Se creían liberales en su tiempo y son totalitarios de todos los tiempos. La diversidad de intereses viene solapada con unos proyectos de unidad. ¿Qué unidad? La que obligan las deudas. Pero para no dar la sensación de que son un “partido único”, un bloque, una formación monográfica, tienen que diversificarse y asignarse tareas distintas, pero os fines son los mismos, son coincidentes.
     Nadie comprende que en el momento de más desarrollo industrial y de más bienestar en Europa, surge la izquierda. Alimentan la brecha económica diferencial entre ricos y pobres para encontrar un eco o un hueco a sus mensajes. Por eso, pensamos que el resentimiento y el odio son su único argumento y razón de ser. La izquierda es un partido protesta y de la negación, es una amalgama de indignados, incomunicados y obedientes. Son una constelación orbital, circular. Viven de una entrega romántica a los ideales de la revolución que disimulan con los intereses personales de sus dirigentes y protagonistas. Desprecian toda la teoría sobre la democracia construida y desarrollada por el humanismo occidental y se burlan de ella, como diciendo: vosotros, pueblo, tenéis la soberanía pero nosotros tenemos los partidos.¿Qué es el pueblo sin partidos? Una masa amorfa y silenciosa, desestructurada y desorganizada. ¿Qué son los partidos sin pueblo? Un “totalitarismo total”. Dan la impresión de ofrecer el cambio radical, la mejora de las clases sociales. Muchos se cansaron de esta alternativa (nueva y vieja izquierda) y ensayaron la llamada “tercera vía”. No era tercera sino doble vía. La izquierda se duplica.
 


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