10/02/2018 / 17:52
Ciriaco Morón


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La religión en la escuela

 Los historiadores deben poner de relieve la dimensión religiosa de los hechos explicados, pero el docente de religión puede unificar en su asignatura los distintos aspectos de esa constante dimensión.


asi todos los días nos encontramos con propuestas de la izquierda para suprimir la religión en la escuela pública. Tratar de descubrir la motivación de esas propuestas sería perder el tiempo, pero me parece totalmente equivocada esa postura, seña de identidad de esa izquierda que desde 1835 ha poblado España de ruinas: Bonaval, Córcoles, La Salceda, Óvila, Sopetrán (emocionado recuerdo, Manuel Criado de Val), Lupiana, etc. Concretamente en Pastrana quedaron desmantelados el inmenso convento de San Francisco y el de los carmelitas descalzos. Por suerte, en 1855 el sacerdote don Mariano Pérez Cuenca logró traer a los franciscanos, orden restaurada relativamente pronto porque eran misioneros en Filipinas. Ellos arreglaron y agrandaron el convento del Carmen, que ya se hundía después de 20 años de abandono. Y la guerra civil desencadenó en los dos lados una criminalidad que hoy debiera enseñarnos como primera lección no repetir nada parecido: respetar al prójimo, y entre otras derivaciones de ese respeto, no atacar la asignatura de religión (que se toma de manera voluntaria) en un país que se declara católico en más del 70%. Ahora bien, ya sabemos que la religión en la escuela no debe sustituir a la catequesis de la parroquia.
    Un programa como el que propongo aquí, permite ver el sentido cultural y formativo de la asignatura: 1) La religión como fenómeno universal, presente en todas las culturas y en muchos casos origen de culturas. 2) Las religiones del libro: judaísmo, cristianismo, islamismo; su presencia en la historia de España. 3) La Iglesia en España: la relación con Roma como símbolo de la inserción de España en Europa: Alfonso VI, la conquista de Toledo como vuelta al reino visigodo y la adopción del rito carolingio como abertura a Europa. 4) La Iglesia como institución educativa a través de los siglos: los estilos arquitectónicos, el románico rural, las catedrales, las universidades; colegios jesuíticos en el siglo XVI. 5) Judaizantes, protestantismo e Inquisición en España. El “siglo de oro” o “La edad conflictiva” (Américo Castro). Las órdenes religiosas y sus reformas en el siglo XVI. Los clásicos de la mística. Algunos fenómenos curiosos, como las polémicas sobre la Inmaculada Concepción. En 1610 un dominico llamado Molina predicó en Sevilla contra la creencia en la Inmaculada, y el pueblo se rebeló cantando: “Aunque no quiera Molina/ ni su padre provincial/ fue María concebida/ sin pecado original”. 6) La presencia de la religión en el arte español (dentro del marco europeo) y en la literatura del siglo de oro: el auto sacramental como subgénero literario. 7) El misionero y el encomendero en la transculturación de América. El descubrimiento de América como base para corregir las ideas medievales sobre el cosmos. 8) Filipinas: el Asia católica. 9) La ciencia moderna de Galileo y Descartes, dos católicos que no vieron conflicto entre la razón y la fe. Los conflictos de la fe con Darwin, Marx y la biología actual. 10) La Iglesia católica en España desde el Concilio Vaticano II.
         Este esquema abstracto debe ajustarse a la edad de los alumnos y a la duración de cada curso académico. Los historiadores deben poner de relieve la dimensión religiosa de los hechos explicados, pero el docente de religión puede unificar en su asignatura los distintos aspectos de esa constante dimensión. A partir de este panorama histórico, entraría la reflexión sobre el cristianismo como un humanismo de la fraternidad universal; de la lealtad y la solidaridad en relación con nuestros prójimos, y con respecto a nosotros como individuos. A diferencia de cualquier humanismo laico, el cristiano da esperanza y sentido a la vida humana, prometiendo la pervivencia de la persona después de la muerte. Con toda fuerza lo expresó San Pablo: “Si solo en esta vida esperamos en Cristo, somos los más miserables de todos los hombres” (I Corintios, 15,19). ¿En qué medida puede dañar el esquema propuesto al desarrollo más profundo de la razón y de la ciencia más rigurosa y actual?


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