29/09/2017 / 19:14
Javier Sanz


Imagenes

La vara

Lo que no tienen claro muchos alcaldes es que la vara es permanente mientras que la ostentación de la misma es circunstancial.


Desde la serpiente que invitó a Eva a merendar ecológico, una manzana, el personal se viene guiando por símbolos, o al menos tomándolos como referencia. La mente tiende a ser vaga y a relacionar sus asuntos por interpretación reducida de las cosas que le suceden alrededor, que ya es el universo desde que llevamos internet en un bolsillo. Otra cosa son las ideas, que se trabajan menos porque es merendar a palo seco, y volvemos a la comparación con otra analogía que representamos en nuestra mente con el mendrugo seco de media tarde.
    La vara ha sido símbolo del ejercicio de la autoridad. Bien definida queda en nuestro diccionario en la cuarta de sus muchas acepciones: “Bastón que por insignia de autoridad usaban los ministros de justicia y que hoy llevan los alcaldes y sus tenientes.” En el acto de toma de posesión el alcalde electo recibe la vara, por lo general un bastón de corte decimonónico, con empuñadura metálica forrada y labrada y un cordón entrecruzado que puede rematar en borlones. Al alcalde se le debería reconocer como a los toreros, por el tipo y los andares, pero tampoco es cosa de pedir imposibles y nos conformamos con reconocerle en el símbolo o insignia, en la vara.
    Lo que no tienen claro muchos alcaldes es que la vara es permanente mientras que la ostentación de la misma es circunstancial, incluso en los alcaldes del franquismo, que duraban tanto o más que el propio régimen, o sea, la toman como suya y para siempre. Asimismo, tampoco tienen claro que si la toman es en representación del Ayuntamiento que pasan a presidir, o sea, de todo el vecindario y no sólo de una parte. “El Ayuntamiento soy yo” y “la vara es mía” vienen a ser lo mismo.
    Nosecuantos alcaldes se juntaron en Barcelona a toque de corneta con partitura de “Els segadors”. Y se llevaron la vara, cada uno la de todos, para defensa de una causa particular, cosa como de locos pero en cualquier caso de presuntos delincuentes. Todos a una la elevaron y ahí se congeló el tiempo. Ampliada la foto cantó la gallina: nadie sabía cogerla, como hay que hacerlo, con autoridad y elegancia. Unos, como garrote, otros como la sota de bastos, los demás como quien coge un palo para ahuecar un nido o descolgar una breva. Ni ética ni estética.           
 


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