15/04/2017 / 21:16
Alfonso Olmos Embid


Imagenes

Los franciscanos llevan ocho siglos ayudando a los cristianos de la tierra de Jesús

La Semana Santa nos transporta, sin querer, a aquellos lugares tan especiales, desde la meditación y la contemplación”


Tierra Santa siempre evoca al peregrino el paso del Señor. Vivir la experiencia de pisar la tierra por la que Jesús anduvo, visitar los lugares en los que nació, vivió y murió es algo inolvidable. Recomendable, sin duda, para todo cristiano. Además de para las personas de las tres grandes religiones monoteístas, este lugar también es interesante para muchos individuos por distintos motivos, especialmente históricos o arqueológicos.
    La Semana Santa nos transporta, sin querer, a aquellos lugares tan especiales. Los relatos que se proclaman y los gestos litúrgicos de las distintas celebraciones, son más que elocuentes. Por eso es posible transportarnos, desde la meditación y la contemplación silenciosa de estos días, a Jerusalén, donde tuvo lugar la pasión, muerte y resurrección de Cristo.
    Por desgracia la Tierra Santa vive siempre en conflicto. Además de las diatribas locales propiciadas por el desencuentro entre cristianos, musulmanes y judíos, algunos otros lugares, muy importantes para los que creemos en Dios y nos sentimos parte de su historia de salvación, están en guerra desde hace años, por lo que nos deberíamos implicar aun más si cabe en su ayuda y promoción.
    El Viernes Santo, como todos los años, se nos invita a aportar no solo un donativo significativo, sino, sobre todo, esperanza. El lema de la Jornada de este año, que incluye la colecta pontificia, dice así: Una sola Cruz, una esperanza. En España la promueve, como siempre, la Comisaría de Tierra Santa y su finalidad es triple: difundir el conocimiento, amor y veneración a Tierra Santa entre los fieles; animar jornadas en favor de Tierra Santa en iglesias, parroquias y movimientos eclesiales (y promover peregrinaciones), y organizar la jornada especial de Viernes Santo invitando a la oración y a la ayuda económica.
Presencia franciscana
La Custodia de Tierra Santa, fundada por San Francisco de Asís, hace justo 800 años, en 1217 tras su viaje a Oriente, y encomendada por el papa Clemente VI a los franciscanos en 1342, está presente hoy en Israel, Palestina, Jordania, Egipto, Siria, Líbano, Chipre y Rodas. La componen 280 franciscanos de 39 países, con los que colaboran las 84 Comisarías de Tierra Santa presentes en 44 naciones y 150 religiosas de varias órdenes.
    Los franciscanos custodian los lugares evangélicos con cinco basílicas y 70 santuarios, y ejercen la pastoral en 23 parroquias y 79 iglesias. Además dirigen la actividad educativa de 14 escuelas y colegios y tres centros de formación profesional, y cinco hospederías. Destaca también su labor social, que se materializa en el sostenimiento de viviendas para las familias cristianas más necesitadas, residencias de ancianos u hogares infantiles, además de estar presentes en la acción sanitaria atendiendo centros médicos, dispensarios y ambulatorios.
    Por otra parte la Custodia promueve la acción cultural, científica y ecuménica haciéndose cargo de ocho centros de estudios superiores, especialmente dedicados al estudio de la teología bíblica, la arqueología y otras materias relacionadas con el mundo oriental.
    Por estos y otros muchos motivos, se requiere nuestra ayuda hacia aquellos que en la Tierra de Jesús intentan ser fieles a su mensaje. Desde que el papa León XIII instituyó, en 1887, la Jornada de oración y ayuda en favor de la Custodia de los Santos Lugares, cada Viernes Santo, la Iglesia extendida por todo el mundo quiere mostrar su cercanía y solidaridad con la Iglesia de Jerusalén y de toda Tierra Santa, a la que se denomina “quinto evangelio”, que es el que nos recuerda el amor de Jesús y su entrega en la Cruz.
    Nuestros hermanos de Tierra Santa nos necesitan. Necesitan nuestra ayuda económica. Necesitan que sigamos, sin miedo, visitando los Santos Lugares. Necesitan que no nos olvidemos de Siria o Irak, donde los cristianos sufren persecución y muerte. Necesitan que, como reza el lema de este año, les aportemos, nuevamente, esperanza.


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