06/01/2017 / 11:53
Redacción


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Mágica Navidad en el umbral del Ocejón

En la tarde de ayer, Melchor, Gaspar y Baltasar entregaron un regalo a los niños y a los ancianos de Tamajón y recorrieron sus calles en su carroza.


Un Tamajón con prácticamente todas sus casas abiertas ha vivido intensamente una Navidad que comenzaba pronto este año, con la IV edición del certamen de villancicos. Los cánticos de hasta siete coros y agrupaciones le daban la bienvenida el día 8 de diciembre a las fiestas.

 

A lo largo de aquel puente, los agalloneros se volvían a juntar en el local multiusos de que dispone el Ayuntamiento para rememorar las tradiciones familiares y culinarias de la matanza del cerdo. El sábado, día 24 de diciembre, la ronda de Tamajón salía a pedir el aguinaldo y cantar villancicos en los lugares más emblemáticos de la villa, como la Plaza del Coso, la Mayor o a lo largo de la calle de Enmedio.

 

El día de Nochevieja, fueron muchos los agalloneros que se acercaron a recibir el año a los pies del reloj de Tamajón, y arropados de las temperaturas glaciales en el Centro Cultural de la villa, verdadero foco de la vida social de la comarca. Como ocurriera por primera vez en las Navidades de 1901, hace 115 años, las campanadas del reloj le dieron la bienvenida al 2017 con su sonido de bronce. Después de oírlas, se encendió la luminaria, como fuera costumbre antaño, y los agalloneros que lo desearon, continuaron la fiesta hasta altas horas de la madrugada.

 

Por último, ayer tarde, y aparentemente procedentes de la misma cumbre del pico Ocejón, Melchor, Gaspar y Baltasar aparecían en la Plaza Mayor, donde fueron recibidos por el alcalde de la villa, Eugenio Esteban. Con él, se trasladaron hasta el local multiusos de la calle de Enmedio, donde ocuparon su carroza.

 

Fieles a su costumbre, se acercaron a la residencia de la Virgen de los Enebrales preguntando por los mayores del pueblo. Allí les entregaron un detalle a cada uno, haciéndoles recordar tiempos pasados, y, sobre todo, arrancándoles una sincera sonrisa, además de adorar al niño Jesús en el Nacimiento construido por el personal del establecimiento y por los propios abuelos.

 

Melchor, Gaspar y Baltasar recorrieron entonces las calles de la villa, entregando regalos en todas las casas con niños del pueblo y provocando una lluvia de caramelos en su recorrido.

 

Ya bien anochecida la tarde, y antes de desaparecer para llevar a cabo su cometido, de nuevo en dirección hacia la cumbre del Ocejón, quien sabe si para recoger su mágico cargamento, los Reyes Magos tuvieron tiempo de comer un trocito de roscón  y brindar con sidra y champán para coger fuerzas con las que llevar la ilusión a todos los niños.


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