27/08/2018 / 17:17
Luis Monje Ciruelo


Imagenes

Megafonía eclesial

El que se recuperen los púlpitos no quiere decir que surjan nuevos Fray Gerundios de Campazas.


Tendremos que volver a los púlpitos, olvidados hace tiempo en las iglesias? Porque con la megafonía actual de que dispone la mayoría de los templos, la Iglesia, como institución, deja de cumplir su mandato de difundir y explicar la palabra de Dios. Lo digo porque si el sacerdote se afana en preparar la homilía dominical para que resulte lo más convincente posible, y luego  no se entiende es como si predicara en desierto. Un  anacoreta del siglo V d.de C., San Simeón el Estilista, se retiró al desierto para predicar durante casi 40 años desde lo alto de una columna  y se ve que se entendía lo que decía porque la gente acudía a escucharle y pedirle consejo desde lejanas naciones,  incluso, algún emperador. ¿ES que la técnica moderna es incapaz de instalar una megafonía inteligible para los mayores de la Tercera Edad que normalmente tienen el oído endurecido y que, precisamente, son los fieles más numerosos en la Misa del domingo?, La solución está en manos del señor obispo. Y me parece sencilla si no infringe con ello el mandato de algún Concilio . Resulta frustrante para el sacerdote  que prepara con ilusión su homilía dominical  y sabe luego que pocos la han entendido. La solución me parece sencilla, y puede estar en manos del señor obispo si no infringe con ella el mandato de algún Concilio.  Basta con que el prelado autorice volver a predicar desde el púlpito, que suele estar en el centro del templo, y algunos son una joya artística, como, por ejemplo, los de la catedral seguntina, debidos a Covarrubias y otro barroco púlpito tallado en madera fina, una verdadera maravilla, que ví en la catedral de Santa Gúdula, de Bruselas
   El que se recuperen los púlpitos no quiere decir que surjan nuevos Fray Gerundios de Campazas, como el del Padre Isla,, cuyo vozarrón de oratoria barroca y campanuda repleta de frases huecas y latinajos inventados le hacían pasar ante el pueblo por un sabio orador al que iban a ver  más por su ampulosidad gestual y cambios de tono de voz que por el contenido de su sermón u homilía.
   Desde el púlpito cualquier sacerdote joven puede alzar la voz lo suficiente para que su palabra se entienda bien sin necesidad de artilugios megafónicos., como siempre.  Seguro que el vozarrón de Fray Gerundio de Campazas llegaría a todos, aunque tal vez no la  elocuencia de un Bossuet o un Fray Luis de Granada, famosos oradores sagrados.


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