05/01/2018 / 12:56
Luis Monje Ciruelo


Imagenes

Nuestro periódico

Leyendo Nueva Alcarria hasta se aprende geografía provincial.


Alguna vez  he comentado en esta columna el papel unificador de Guadalajara que desempeña nuestro periódico gracias a su difusión, que llega a todos los pueblos de la provincia. Por ejemplo, el tío Andrés, de Motos, aldea molinesa lindante con Teruel, se habrá enterado por el último número de que hubo un pueblo llamado Fraguas, hoy despoblado, por tierras de Cogolludo, donde unos desaprensivos se dedicaban, sin ningún permiso, a reconstruir casas deshabitadas para ocuparlas, y se pide la retirada de  los cargos existentes contra ellos. Y el tío Rufo, uno de los dos o tres vecinos que han vuelto a Villacadima, limítrofe con Segovia, donde no hay ni un solo bar, se habrá relamido al leer con qué deliciosas tapas de aperitivo han sido premiados bares de Azuqueca, Cabanillas, Yunquera y Torija en un concurso de Tapas de Otoño. “Esos de la vega del Henares sí que saben vivir”, dicen que comentó. Y en Pozancos, con agua  abundante, se apiadan de los pueblos ribereños de Entrepeñas, que se quejan de la sequía. En fin, leyendo Nueva Alcarria hasta se aprende geografía provincial. Y se da uno cuenta de que entre los más 400 pueblos que hubo en la provincia hace un siglo y cuyos nombres permanecen, bastantes como despoblados, es difícil recordarlos a todos. Porque conozco bastante el medio rural me puedo imaginar el impacto que la llegada semanal de Nueva Alcarria produce en el hogar de los suscriptores con casi un centenar de pequeñas noticias provinciales que no recogen los medios nacionales porque no las consideran de interés general. No es el caso de la tremenda tragedia familiar de la semana pasada en Azuqueca que publicaron y reiteraron todos los medios informativos nacionales, y que nos ha afectado profundamente a los alcarreños. Me imagino al tío Andrés enterándose de que en el centro de la provincia hay un pueblo, llamado Riba de Saelices en el que pueden contemplarse en una cueva grabados de unos 30.000 años de antigüedad. Creo que no es preciso insistir en que un periódico común termina hermanando, al conocer su existencia, a pueblos que antes se desconocían totalmente. Y uno se siente satisfecho de colaborar en esa indiscutible labor de alcarreñismo. Seguro que muchos suscriptores no han terminado de leer el extraordinario de fin de año cuando reciban el primero de 2018.


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