10/06/2017 / 23:18
S.Lafuente


Imagenes

Una gran faena de Ponce en la tarde de Roca Rey

La espada mancilla una importante obra de Ponce en una tarde en la que Roca Rey cortó un total de tres orejas.


La corrida de Juan Pedro adoleció de fuerza. En la misma línea, la entrada en los tendidos de La Muralla, que no contó con un reventón de público proporcional a la categoría del cartel ni tampoco dejó ver la habitual nómina de celebridades en una tarde más veraniega que primaveral en la que apretó el calor. El previsible guión ganadero de la ‘juanpedrada’ dejó un encierro tan armónico de hechuras como ayuno de fuerzas, de casta y de fondo. Apenas se le sangró en el caballo, pero ni por esas. Los juanpedros procedentes  de la finca sevillana ‘Lo Álvaro’ tomaban tierra una y otra vez, indicando que la reserva de fuerzas se agotaba y el motor no tenía cilindrada suficiente para mover tal carrocería. Y ya se sabe que sin poder no hay entrega. Sin entrega no hay emoción y si falta emoción, la tauromaquia  se convierte en un espectáculo descafeinado. 

Magisterio de Ponce
Se le esperaba a Enrique Ponce en Brihuega, tras su reciente Puerta Grande en Las Ventas, y de su muleta brotó la faena más sólida de la tarde al que hizo cuarto, un toro suelto de carnes y ligeramente enmorrillado de viaje largo. Sin obligarle y a media altura, le fue cosiendo Ponce una obra marca de la casa, basada en la técnica y la elegancia. “Parece fácil”, dijeron desde el callejón, y con la sencillez que el maestro valenciano imprime a la dificultad, se inventó una serie en la que ensambló un molinete y un afarolado antes de la despedida del de pecho. Subieron entonces los decibelios de intensidad ambiental y aún crecería más la obra en la siguiente serie, con el toreo vertical y el parón que aguantó el de Chiva. También con la zurda lo intentó, sin que el animal admitiera ligazón. De uno en uno empujó y tiró de él. La coda de toreo genuflexo, ‘poncina’ incluida, puso literalmente la plaza en pie. Lamentablemente, los dos pinchazos cobrados antes de la estocada encasquillaron el triunfo y redujeron el premio a una solitaria oreja, que supo a premio de consolación. Tampoco anduvo fino Ponce con el estoque de cruceta a la hora de despenar al ejemplar que abrió plaza, el cual mostró cierta invalidez de los cuartos traseros, desde que Enrique lo recogió con el capote en un saludo de mimo y seda. Sin obligar, afianzó Ponce la embestida hasta conseguir dos meritorias series diestras en las postrimerías sin sacar el brazo. El inmenso cambio de mano antes de la igualada quedó en la retina. 

Debut triunfal de Roca Rey
El peruano Roca Rey cayó de pie en su presentación en La Muralla. Con tres orejas se lo llevaron a hombros camino de la vega del Tajuña, entre fragancias de lavanda. Roca, que el sábado fue rey en Brihuega, cortó las dos orejas del estrecho tercero. Como en él es costumbre, no perdonó el quite convertido en un compendio de suertes. Cada lance por un palo diferente, bien por chicuelinas, tafalleras o gaoneras. 
En medio del ruedo se plantó Roca Rey con la muleta para recibir al juanpedro con su habitual péndulo por la espalda. Lo citó desde unos cuantos metros y lo repitió por segunda vez. Embistía el toro sobre las manos y el peruano lo intentó por ambos pitones, a veces con manifiesta ligereza en la colocación. El animal se afligió pronto y Roca, cuyo concepto necesita un toro de mayor emoción, no llegó a conectar con los tendidos  durante la primera mitad del trasteo. Por ello, mediada la obra invadió los terrenos del toro para ganarse el favor del público con guiños al respetable. La estocada recibiendo puso la guinda y desató la petición del doble trofeo.
El toro de cierre, que lució la divisa amarilla de Parladé, fue más abierto de cara. A éste lo quitó Roca Rey manejando el capote a una mano, cual derechazos. La costalada del toro en banderillas hizo de segundo puyazo y a la muleta llego desfondado y rajado. Buscaba la huida y  el torero hubo de sujetarlo en el tercio para acabar la obra al abrigo de las tablas, donde poco pudo hacer más que mostrar su predisposición y valor. Lo exprimió Roca Rey en una faena larga, donde de nuevo manejó la espada con acierto. Mejor en la efectividad que en la ejecución de la misma. 
Cayetano volvía a Brihuega como triunfador del año pasado vestido de blanco y plata. Terno talismán de muchos toreros como Palomo Linares, que en paz descanse, Miguel Abellán o el mismo Juan del Álamo, que consiguió hace escasos días su primera puerta grande en Madrid vestido de este mismo modo. Una oreja cortó el hijo de Paquirri al colorado que hizo segundo, un tanto acapachado de pitones, y al que recibió con una larga cambiada de rodillas. Con variedad y vistosidad manejó el capote, tanto en el galleo para poner al toro en suerte como en el ensayo por tafalleras. Tras un buen tercio de banderillas de Iván García, inició Cayetano faena por estatuarios y prosiguió aprovechando la nobleza e inercia de las  embestidas. Faena plana y sin sal alargada en exceso ante la desaprobación del público. 
El que saltó al ruedo en quinto lugar fue más alto de cruz y tuvo más caja. Se descalzó Cayetano  en intención de guerra y al final no libró más que una batalla sin resonancia y de escaso relieve. Mala suerte su turno, justo después del gazpacho que había formado Ponce al cuarto. Se contrarió Cayetano y acabó su tiempo encarándose con algunos aficionados que en la hora de la igualada le lanzaron algún improperio.

 

FICHA TÉCNICA:

- Cinco toros de Juan Pedro Domecq y uno de Parladé, el sexto. Encierro de parejas hechuras. Nobles, aunque flojos. Sin raza, faltos de celo y sin fondo.    

- Enrique Ponce, grana y oro: media estocada ligeramente atravesada y dos descabellos (silencio). En el cuarto, dos pinchazos y estocada desprendida (una oreja).  Cayetano, blanco y plata: estocada entera (una oreja). En el quinto, estocada (silencio).  Roca Rey, sangre de toro y oro: estocada caída (dos orejas). En el sexto, estocada caída con derrame (una oreja). 

- Plaza de toros de La Muralla. Corrida de Primavera. Sábado 10 de junio de 2017. Dos tercios de entrada en tarde calurosa. Se guardó al final del paseíllo un minuto de silencio en memoria de Ignacio Echeverría, víctima de los recientes atentados en Londres.

         
 


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