27/08/2017 / 10:46
Pedro Villaverde Embid


Imagenes

Sigüenza, adelante

 La pequeña ciudad, igual que nuestros pueblos, se adormece durante el resto del año, aunque haya un cierto turismo los fines de semana.


El otro día tuvimos la ocasión, acompañados de su director, José Ramón, de visitar el colegio de los Padres Josefinos, al cual íbamos con frecuencia cuando éramos casi niños por nuestra amistad con su superior de entonces, Jaime del Olmo. Nos gustó recordar la belleza del edificio y más aún conocer el uso que hoy tiene. Allí se dan cursos de Capacitación Profesional, lo que antes era la Formación Profesional. Además, se utiliza también como hospedería. Al comentar con una persona nuestra satisfacción porque un lugar tan bonito no hubiese caído en desuso,  su contestación fue “y qué no es bonito en Sigüenza”, retórica pregunta que lo resume todo.
     Pero no ha sido esta la única alegría en estos días de descanso y tranquilo ocio que disfrutamos cada verano en este lugar de la Sierra Norte. Estuvimos en una documentada conferencia sobre los estudios arqueológicos que se están llevando a cabo en la iglesia de Santiago donde se han encontrado importantes hallazgos que permiten conocer más sobre la historia de Sigüenza remontándose en los siglos. Hay que seguir investigando y picando piedra. Para ello es necesaria la implicación de las administraciones y de todos.  Esta iglesia se convertirá en pocos años en otro punto de interés de obligada visita como este verano lo es la exposición en el Museo Diocesano, y parte de la Catedral, sobre Cisneros, que recomendamos a nuestros lectores hacer acompañados de un guía. Lo hicimos con Óscar y merece la pena. Buena sensación nos ha dejado también comprobar que existen colectivos que mantienen actividad durante todo el año.
      En este tiempo, en parte por el optimismo del espíritu en momentos vacacionales, todo parece esplendor en esta idílica Sigüenza. La conversación con algunos comerciantes y gente de toda la vida, así como el día a día de nuestra profesión, nos lleva a la realidad, sin embargo, de que aquí se sufren los males endémicos y comunes a todo el mundo rural. Los jóvenes no tienen oportunidades laborales, el tejido empresarial se va deteriorando, la pequeña ciudad, igual que nuestros pueblos, se adormece durante el resto del año, aunque haya un cierto turismo los fines de semana por ese patrimonio monumental y artístico que hace que Sigüenza siga adelante a pesar de los problemas. Es un reto político y de la sociedad fijar población en toda la provincia.


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