14/07/2017 / 12:38
Luis Monje Ciruelo


Imagenes

Textos de enjundia

Antonio Herrera y Tomás Gismera nos tienen acostumbrados a densas colaboraciones.


Es un defecto de lector de periódicos demasiado extendido, y yo me confieso uno de ellos,el de leer con excesiva ligereza artículos, reportajes y colaboraciones, cuya notable enjundia, y calidad merecerían las sólidas páginas de un libro mejor  que las volanderas de un periódico. Escribo esto pensando en los trabajos de Antonio Herrera Casado y Tomás Gismera Velasco en el último número. Ambos, en especial Herrera, nos tienen acostumbrados a densas colaboraciones  que calificarán quizá de “rollos” quienes creen que  un periódico es para publicar sucesos, noticias de pueblos,  notas de sociedad y algún artículo suelto. El reportaje de Herrera sobre aspectos poco conocidos de la catedral de Sigüenza, merece el sosiego de leerlo reposadamente en casa y no en el trajín de un bar a la hora del desayuno o aperitivo, o en la tertulia de solana de un grupo de vecinas. Lo normal en los interesados en estos temas es darles un vistazo apresurado y luego saborearlos con reposo para darse cuenta de lo mucho que ignoramos. Y esto vale para el reportaje sobre la sal en nuestra provincia de Gismera o el ya citado de nuestro cronista provincial, quien casi todas las semanas nos entrega reportajes de semejante categoría. Los que escribimos como periodistas tenemos sobre ellos la ventaja, primero de la brevedad, (“lo bueno, si breve, dos veces bueno”, dijo Cicerón y “lo bien dicho, se dice presto”(Gracián) sentencias seguramente aquí mal traidas porque un reportaje histórico o de investigación, más de escritor no se pueden comparar con el artículo periodístico, más breve más ligero, más oportunista porque  el texto  o de investigación  de investigación no caben en una columna aunque eleven el tono informativo del periódico. El periodista tiene la ventaja de que escribe corto y por derecho, y aunque llevo escritas miles de crónicas, nunca me autollamaría  cronista por respeto a quien con toda justicia lo es. Pero no me importaría que alguien  me llamara moderno Bernal Díaz del Castillo porque de hecho he sido historiador y cronista de una época, sin necesidad de irme a América, como Bernal, para contar su conquista y  evangelización, pero si he cronificado, y ahí quedan en libros, los dramas y pequeñas tragedias consecuencia de la  Hégira alcarreña del siglo XX:  la emigración masiva de los alcarreños, no de la Meca a Medina como en tiempos de Mahoma, sino del campo a la ciudad.


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