21/05/2017 / 15:39
Luis Monje Ciruelo


Imagenes

Vivir en su palacio

Fue la única condición que puso cuando en 1960 se firmó el acuerdo de cesión.


Alguien se ha sorprendido de que el Duque del Infantado, cuando regaló su palacio al Estado, que es tanto como decir a Guadalajara, pusiera como condición que le reservaran varias estancias para su archivo y uso de su familia. Fue la única condición que puso cuando en 1960 se firmó el acuerdo de cesión, que luego ha sido respaldado por una sentencia judicial. Nada se dice en él de construirle una vivienda dentro del palacio, como alguien ha dicho interpretando esa autorización también para organizar fiestas y saraos de la nobleza en la casa solariega de los Mendoza. “No nos vendría mal, pensarán muchos, si eso fuera así, porque reuniones de esa clase, podrían traducise, al estilo de hoy, en  una aportación de riqueza a Guadalajara. Por otra parte, volver a vincular más estrechamente la Casa del Infantado a nuestra ciudad, como lo ha estado siempre hasta que trasladó su residencia a Madrid, sería bienvenido por los alcarreños aunque en este caso no esperáramos una invitación general a esos presuntos festejos que , en todo caso, elevarían el nivel social de los nuestros. Y no se extrañe nadie  de que me interese por el destino de la suntuosa mansión, una joya de la arquitectura renacentista alcarreña, porque llevo, tal vez, publicados  cerca de cien artículos  en su defensa, sobre todo en ABC, incluso alguno a doble página, con fotografías. Llevo muchos años tratando de defenderla, apoyando al cronista provincial Layna Serrano, en sus iniciativas y en otros por idea propia, pues nadie tiene que decirme de qué debo escribir. Y recuerdo, la sorpresa y el disgusto que nos llevamos todos el día en que visitamos el palacio con las autoridades, y nos  encontramos la galería norte del patio  en el suelo. Era con motivo de la visita del director general de Bellas Artes al palacio. Al que acompañabamos el cronista provincial, Layna Serrano, el gobernador civil, creo que Carlos de Montoliu, barón de Gotor, el delegado provincial de Información y Turismo, José Martialay, otras autoridades ministeriales, y  como periodistas José de Juan, Salvador Toquero y yo, No tuvo que enterarse el director General por la Prensa y por eso creo que su reacción para reconstruir lo caido fue más eficaz. Don Francisco Layna emprendio  una campaña de gestiones con el mismo fin, en la que, como siempre, le apoyé en ABC.


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