13/05/2018 / 13:15
Jesús Fernández


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Y ahora las universidades

Autonomía ¿para qué? Todas siguen enchufadas a los presupuestos del Estado o de las Autonomías y reciben su trato del gobierno respectivo.


Las universidades en España se van a  convertir en el problema de las antiguas Cajas de Ahorro. Sólo que  allí se movía dinero privado y aquí, por el contrario, es dinero público. Cuando se redactaba la Constitución de 1978, el socialismo español, heredero y continuador de la famosa Institución Libre de Enseñanza de la República, logró colgar en dicha Constitución a través de su representante en la Comisión el Diputado Peces-Barba (después el Partido socialista le recompensó creando “para él” como Rector  la Universidad Carlos III de Madrid) la llamada autonomía universitaria que, unida a la libertad de cátedra, constituía una administración paralela o una isla de libertad en medio del océano del control central. La palabra misma (autónoma) fue usada como señuelo para denominar a algunas universidades de reciente creación en aquel tiempo para ir en contra de otras demasiado “centrales” o centralizadas.
    Después vinieron las competencias autonómicas en materia educativa y todas se lanzaron a crear sus propias universidades. Ahora se oyen voces de que hay demasiadas universidades en detrimento de la calidad y de la educación pero nadie se atreve a reordenarlas, cargando con el despilfarro actual de las mismas. Lo mismo que sucedió con las cajas de ahorro mencionadas. Y llega la resignación del ciudadano  con la famosa frase “esto es lo que hay”.
    Autonomía ¿para qué? Todas siguen enchufadas a los presupuestos del Estado o de las Autonomías y reciben su trato del gobierno respectivo pero ellas (las universidades) deciden el gasto, mientras que  otros (los gobiernos) pagan la factura de la endogamia. La factura que consiste en colocar a sus parientes y familiares amigos o conmilitones como profesores. Los llamados Departamentos son una máquina de petición de plazas y su colocación. Eso en cuanto a la cuestión económica. Luego viene la política de cargos y de “equipos”. Quien desee ser elegido con alguna autoridad en ella, debe recompensar a sus electores con puestos remunerados y los alumnos, la docencia, la investigación  no importan pues sólo son el pretexto para ingresar más dinero en la cuenta particular.   
    Ahora viene la ultima parte ¿No queríamos que hubiese integración entre universidad y sociedad, entre universidad y empresas? Ahí tenemos la integración en el abuso y en la corrupción que se intercambian. Los políticos han entrado en la universidad y quieren cobrar la factura del apoyo, de su creación y financiación. Tampoco hay gestión empresarial en la universidad por aquello de la función social de las mismas que no es sino un burladero para eludir controles y otras “ratio”. Los Gerentes que actúan de interventores del gasto universitario en nombre del Gobierno, no se atreven a contradecir las políticas del Rectorado correspondiente, dirigidas a permanecer en el cargo el mayor número de años. En mis tiempos, los Rectores tenían mucha libertad para distribuir el presupuesto a pesar del Consejo Social, del Consejo de Gobierno y de la Junta de Gobierno y del Claustro como teóricos órganos colegiados. ¿Una autonomía democrática? Toda democracia es autonomía con reglas.    
 


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