04/03/2018 / 12:41
Jesús Orea


Imagenes

105 presidentes de la Diputación en 205 años de la Institución

El primer presidente de la Diputación de Guadalajara fue Guillermo de Vargas y Ximénez de Cisneros, quien convocó a los electores de los primeros diputados provinciales en Anguita, el 23 de abril de 1813.


En abril de 2013, hace ya cinco años, se conmemoró el bicentenario del nacimiento de la Diputación Provincial de Guadalajara, auspiciado por la primera Constitución Española, aprobada en Cádiz un año antes y conocida popularmente como “La Pepa” por ser el día de San José, el 19 de marzo, la fecha exacta en que tuvo lugar su ratificación. Esta histórica “carta magna”, de inspiración liberal, entre otras muchas determinaciones políticas y administrativas verdaderamente relevantes e innovadoras para España, certificaba el fin del antiguo régimen, la abolición de los señoríos, otorgaba la consideración de ciudadanos a los que hasta entonces eran súbditos e iniciaba tímidamente la descentralización del Estado al crear las diputaciones, aunque en esa fase inicial más bien cabe hablar de desconcentración. A este respecto, el artículo 324 de la Constitución gaditana determinaba literalmente que “El gobierno político de las provincias residirá en el jefe superior, nombrado por el Rey en cada una de ellas”.
    Desde la segunda década del siglo XIX, en entornos políticos muy distintos, con varios períodos bélicos entre ellos, disponiendo de diferentes y variables competencias, recursos, formas de elección, composición y estructura de la corporación y sus órganos de gobierno, representación territorial -aunque siempre a través de los partidos judiciales- e, incluso sedes -el actual palacio provincial data de 1883, por lo que hasta ese año y durante 70 cambió de emplazamiento varias veces-, la Diputación de Guadalajara ha pervivido y prestado amplios, numerosos y, no pocas veces, impagables servicios a los municipios de la provincia, de manera muy especial a los más reducidos en población y de un carácter más eminentemente rural como es el caso, en la actualidad, de más del 80 por ciento de los de Guadalajara, aunque hasta hace unas décadas lo era de casi el 100. Las diputaciones provinciales españolas, y por ende la de Guadalajara, echando un rápido vistazo a la historia, han perdurado en las siguientes etapas: Reinado de Fernando VII (1813-1835) -si bien éste las suprimió de facto durante dos períodos: entre 1814 y 1820, y entre 1823 y 1835-, Reinado de Isabel II (1835-1868), Gobierno Provisional (1868-1869), Reinado de Amadeo de Saboya (1870-1873), Primera República (1873-1874), Reinado de Alfonso XII (1874-1885), Reinado de Alfonso XIII (1885-1931), Segunda República (1931-1939), Dictadura Franquista (1939-1975), Reinado de Juan Carlos I (1975-2014), hasta el actual Reinado de Felipe VI.
    Como he señalado anteriormente al citar el artículo 324 de la Constitución de 1812, los primeros presidentes que tuvieron las diputaciones provinciales no fueron elegidos por los diputados provinciales sino designados por el Gobierno central que, en una misma persona, la del entonces llamado “Jefe Superior Político” -una suerte de gobernador con mucho poder-, delegaba su potestad y representación en las provincias a través de dos cargos: el ya señalado como Jefe Superior y el de Presidente de la Diputación.
    El primer presidente de la Diputación de Guadalajara fue Guillermo de Vargas y Ximénez de Cisneros, quien convocó a los electores de los primeros diputados provinciales en Anguita, el 23 de abril de 1813, ante el dominio y control de la capital por las tropas invasoras francesas de Napoleón.  Esta histórica villa, a salvo del usurpador galo, era en aquel tiempo capital del Ducado de Medinaceli y estaba situada a caballo de los territorios de Molina y Guadalajara -también del importante señorío episcopal de Sigüenza- que entonces se unieron en una única Diputación, inicialmente llamada “de Guadalaxara con Molina”. Recordemos que el padre del gran literato galo, Víctor Hugo, era en aquel momento el general gobernador de la provincia y hostigaba con dureza a la resistencia y las guerrillas españolas por todo el territorio provincial, teniendo al célebre “Empecinado” como uno de sus más peleones y escurridizos guerrilleros. Antes de poder celebrar la recién nacida Diputación de Guadalajara con Molina su primera sesión en la capital, hecho que tuvo lugar en julio de 1813, aún se vio obligada a reunirse en Cifuentes tratando de evitar al ejército napoleónico.
    Según hemos comentado al principio, los primeros presidentes de la Diputación Provincial no los eligieron los diputados, sino que los designó el Gobierno central, compatibilizando este cargo con el de Jefe Superior Político, figura creada por la Constitución gaditana, que, a partir de 1833, por orden de Javier de Burgos -el ministro de Isabel II que también propició la delimitación territorial definitiva de las actuales provincias- pasó a llamarse Subdelegado de Fomento. Tras sufrir varias modificaciones de denominación este cargo, dada la conflictividad y variabilidad política propias de esa época, a partir de 1849 ya se le tituló como Gobernador Civil. Como es sabido por tratarse de un hecho muy reciente, a partir de 1997 los gobernadores civiles fueron sustituidos por los desde entonces y hasta ahora nominados subdelegados del Gobierno.
    Efectivamente, sobre todo durante el transcurso de dos épocas históricas distintas, el reinado de Isabel II (1835-1868) y la dictadura franquista (1939-1975), lejanas en el tiempo, los presidentes de la Diputación eran de forma simultánea los máximos representantes del Gobierno en la provincia (reinado de Isabel II) o éste los nombrada directamente (franquismo). En el reinado de Isabel II fueron 57 los presidentes que tuvo la Diputación -el primero, Martín de Pineda, y el último, José Domingo de Udaeta-, quienes también fueron gobernadores, y durante el franquismo hubo 9 presidentes -el primero, Patricio Juárez, y el último, Francisco López de Lucas-, en este caso nombrados por la administración del Estado. Desde 1813 hasta hoy mismo, la Diputación de Guadalajara la han presidido 105 personas diferentes, si bien cuatro de ellas repitieron mandatos de forma no continuada en el tiempo. El titular de la corporación provincial que más años permaneció en el cargo fue Francisco Tomey, ya en la actual etapa democrática, quien acumuló cuatro mandatos de forma consecutiva, entre 1983 y 1999. Los que menos tiempo permanecieron como titulares de la corporación provincial, algunos apenas unas semanas, fueron los 14 presidentes interinos que tuvo, la mayor parte de ellos durante el reinado de Isabel II.
    Va a cumplirse el 8 de octubre próximo el 150 aniversario de la elección por parte de los diputados provinciales del primer presidente de la Diputación de Guadalajara, el líder liberal Diego García Martínez, cuyo retrato es el más antiguo de los que se conservan en la galería de presidentes ubicada en la planta principal del Palacio Provincial, imagen que acompaña este artículo. Fue al inicio del Sexenio Revolucionario (1868-1874) cuando, efectivamente, la propia Diputación Provincial eligió por primera vez a su presidente, dándose así los primeros pasos hacia su autonomía pues, como ya hemos dicho de forma reiterada, hasta ese momento siempre dependió de forma muy directa del Gobierno central, como el resto de corporaciones provinciales. En 1870, las provincias dejan de ser simples y casi teóricas divisiones territoriales del Estado para comenzar a tener unas competencias que les convertían en verdaderas realidades políticas con naturaleza propia. La Ley Provincial de 1870 determinaba categóricamente que “es de la exclusiva competencia de las Diputaciones provinciales la gestión del gobierno y dirección de los intereses peculiares de las provincias…”. El primer presidente electo de la Diputación, en realidad únicamente lo fue 13 días pues el 21 de octubre una nueva ley provincial volvía a otorgar ese cargo al Gobernador Civil, José Domingo de Udaeta, si bien éste solo presidió una sesión, mientras que Diego García, en calidad de Vicepresidente, ejerció de facto la presidencia hasta febrero de 1869 en que cesó al ser elegido diputado a Cortes.
    Termino manifestando que la fuente bibliográfica principal que me ha permitido escribir este texto es la parte de la obra titulada “Evolución histórica de la Diputación Provincial de Guadalajara (1813-2013)”, de la que son autores mis compañeros y amigos del Servicio de Cultura de la propia Diputación, Plácido Ballesteros y Paloma Rodríguez, una importante publicación que invito al lector a acceder a ella pues le ayudará a conocer la historia contemporánea de la provincia a través de la de su institución pública principal y de referencia.


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