18/06/2018 / 16:46
Jesús Fernández


Imagenes

¿A dónde vas democracia?

  Llevamos mucho tiempo sospechando que la democracia ha muerto.


La democracia está secuestrada e hipotecada por los partidos. Si dependiese de ellos, convertirían el pensamiento único en partido único. Por otra parte, si dijesen a los ciudadanos cómo llegan los partidos a formar sus mayorías parlamentarias o a suscribir sus pactos, dejaríamos de creer en la democracia interesada. Nunca se ha visto tanta idolatría y admiración por el pueblo hacia  nuestros políticos como en estos días. Sin embargo, ha sido la ocasión para ver las dos estampas, las os caras de la sociedad como son los débiles   hombres fuertes y los pobres hombres ricos. Es la condición humana de la que nadie se escapa por muy poderoso que llegue a ser.
    En estos días hemos visto y comprobado cómo se adultera la democracia y se subordina todo a las elecciones o al disfrute del poder. Se gobierna no para el pueblo sino para ganar elecciones. Se nombran ministros no por su valía para gestionar sus competencias sino por su encaje en un  proyecto político que es el de todos, ganar los votos necesarios  de los electores, cada uno en su parcela, para seguir en el poder. El poder es la razón de la existencia del Estado, de sus instituciones, de sus recursos, de sus atribuciones. Igualmente hemos visto cómo se subordina todo a la estrategia política. A un Presidente del Gobierno que prometía muchas ayudas en sus discursos a las multitudes y al que su Ministro de Economía le hacia ver que no había tantos recursos para ello, le replicaba ¿pero desde cuándo la economía no sirve para ganar elecciones? Esto podemos decirlo de todos los ámbitos de la administración, la cultura, la justicia, la educación, la sanidad, la política industrial o medioambiental, ¿Desde cuándo la administración y el gobierno no sirven para seguir ganando elecciones? A cada ministro se le podía decir, te nombro para que ganes las próximas elecciones. Esa es la misión que les iguala a todos ellos. El juramento del cargo debería ser ese.
    Llevamos mucho tiempo sospechando que la democracia ha muerto. Dejemos de sospechar, de dudar y pasemos a la convicción y a la certificación de que es así. Es un cadáver. Sólo existe en apariencia. Es una democracia formal, es una figura interna convencional para blanquear el lenguaje. Lo que existe es la dictadura del jefe, sus gustos u opiniones y nuestra esclavitud y seguimiento, hasta que nuestro interés coincida con el suyo o difiera del suyo. Estamos controlados, la democracia o la libertad no existen. Esto no es un pensamiento.


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