17/06/2018 / 10:49
Javier Sanz


Imagenes

A hombros

Después de 37 años de alternativa no se enteró de que la ganadería, aunque bien pagada, no le iba a desencajonar el toro que había elegido, pues  que se lo cambiaron.


Terminaba la feria taurina más importante del mundo, San Isidro, y la vida nacional corría en paralelo, con similitudes que solo son explicables desde el fundamento y con el argot taurinos –tome nota, don Màxim Huerta, y no desprecie lo cultural de muchos siglos, que no modas.- Terminaba la feria pero al medio ruedo de San Jerónimo había saltado un espontáneo, bien que conocido, un tal Pedro Sánchez, desafiando al maestro. Discurrió la faena como todo el mundo vio y hubo división de opiniones: los del 7 lanzaban almohadillas al callejón azul y la peña, al contrario, aplaudía en pie al maestro, cuando estuvo en el ruedo.
    Después de 37 años de alternativa no se enteró de que la ganadería, aunque bien pagada, no le iba a desencajonar el toro que había elegido, pues que se lo cambiaron. ¿Cómo es posible que no advirtiera que le podían echar uno de banderillas negras después de casi cuatro décadas ahí abajo? La cuadrilla no es una joya, junto a toreros viejos, sin un pase que dar –Arenas, p. ej.- hay otros jóvenes –Casado, p. ej.- con un currículo por ver y cuando se ve no queda claro lo que se ve. Arriola se ha retirado a los 70 pero, denostado por la crítica, sigue siendo el apoderado que se fuma dos puros carísimos por toro diciéndole dónde tiene que ponerse.
    El maestro salía a hombros después de una faena en la que, al menos, ha habido división de opiniones. Blande la claque el “milagro económico” que, en parte, pagamos todos con la congelación salarial y la retención de la paga extra navideña de 2012; y deja la hucha de las pensiones bajo mínimos. ¿Dónde está el “milagro”, pues? El Tribunal de Cuentas da ahora la noticia de que la Seguridad Social está en quiebra técnica al perder 76.000 millones desde 2010. ¿Qué “milagro” han querido vendernos?
   Pero no entendemos el final de la eterna faena. Terminando la feria dio la espantá, lo peor que puede pasar en el ruedo ibérico. El presidente del gobierno, o sea, de todos los españoles pues lo era hasta –previsiblemente- el día siguiente, no se digna a comparecer en el medio ruedo de las Cortes por la tarde. Tampoco guarda las formas, que también sería injustificable, retirándose a Moncloa, a un ministerio o a su despacho del Congreso,  para analizar su inmediata decisión. A las once de la noche sale de la taberna de la calle de Alcalá, donde ha permanecido desde el almuerzo, como si tal cosa mientras en el coso de San Jerónimo se ventilaba el futuro del país. Ahí queda eso.
    No es de extrañar que el lunes, en plena ovación de la claque, exclamara “Joder, que alguien pare esto, coño”. No era para menos. El peor de los finales que puede tener un presidente de Gobierno, que no se enteró después de 37 años de alternativa de que el PNV le podía cambiar el toro, era recompensado con una ovación que incomodaba al mismo protagonista. Menos mal que habían devuelto el sobrero a la dehesa, que si no, se lo piden.  
 


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