08/09/2018 / 12:18
Luis Monje Ciruelo


Imagenes

'Alcarriañear'

Este vocablo que me acabo de inverntar tardará mucho en ser incluido por la Real Academia en su diccionario.


 De ahora en adelante ya  se cómo llamar a los viajes que suelo hacer los sábados por la provincia con alguno de mis hijos con la única intención de respirar el aire puro, si hay suerte, encontrar tema para mi brújula. Ya sé que “alcarriañear”, este vocablo que me acabo de inventar, tardará mucho, si mis colegas alcarreños no me ayudan usándolo, en ser incluido por la Real Academia en su diccionario, a juzgar por lo que ha demorado la inclusión de “caminería” a pesar de que se lo prometió a nuestro amigo Criado de Val, un sabio que bien podía haber sido académico de la Lengua como escritor y reputado filólogo, promotor y director de congresos internacionales sobre “Caminería”. En él diccionario está, sin embargo “ andorrear”, sinónimo de “Cazcalear” que significa “andar de un parte a otra fingiendo hacer algo útil”. Como no creo que sea delictivo usar “ alcarriañear” aunque no esté aceptada por la RAE seguiré “alcarriañeando” mientras la Guardia Civil no reciba órdenes de impedirlo. Como el sábado pasado disponía de poco tiempo para “alcarriañear” me fui por la N-320 hasta Armuña y luego río arriba hasta desviarme por la vega del arroyo San Andrés, amplia en Romanones y cada vez más estrecha a medida que se asciende por Irueste, y los Yélamos hasta desaparecer en el kilómetro final hacia su nacedero en el borde de la altiplanicie de San Andrés del Rey. Quiero decir antes de alejarme del San Andrés, que su tramo entre Irueste y los Yélamos es uno de los más bellos y frondosos de la provincia hasta recordar algunos de sus rincones el famoso bosque abandonado de Manderley de la película Rebeca. Seguimos por las alcarrias hasta el Santuario de la Virgen del Peral de Budia, llaneando luego entre ralos bosques de encinas y robles hasta el cruce de El Berral. Por una larga recta de la N-320 volvimos a Guadalajara sin poder entrar a Tendilla al no existir una salida en el llano para bajar por la Salceda a esta histórica villa, ahora quieta y silenciosa sin los numerosos visitantes que tenía antes de ser de desviada la N-320 de su centro. Sorprende que el Ayuntamiento de Tendilla no haya conseguido recuperar el acceso por el desvío, viniendo hacia Guadalajara de la Salceda para recuperar algunos de los muy numerosos visitantes que tenía antes de desviarla de su pueblo, tan afectado como ha quedado al suprimir el paso de la misma por su calle central. Fue un alcarriañeo de poco más de un hora que permite conocer las sugestivas vegas y alitiplanicies alcarreñas.


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