13/08/2018 / 12:07
Jesús Fernández


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Autoridad y educación

La palma y la diana de los ataques a la educación se la lleva el concepto de autoridad.


En España existe una enseñanza pública, otra privada y otra concertada pero una educación desconcertada. Siempre la política fue compañera de la educación pero hoy día, esta relación alcanza niveles de contenido y de gestión. El socialismo ha olido  que los ataques a la sociedad conservadora ya no vienen de las fábricas pues la situación económica no es mala y los obreros no se prestan a ser arietes de nadie. Entonces, la lucha más estratégica  y silenciosa  entre comunismo y democracia cristiana es  la educación.

La palma y la diana de esos ataques a la educación se la lleva el concepto de autoridad.  Según ellos, la educación anterior es autoritaria y la educación socialista tiene que ser emancipatoria. Sin embargo, lo que importa no es que la educación sea autoritaria sino que la autoridad sea educada en la democracia. Si te quedas con mi educación quédate también con mi autoridad, podríamos decir. Pero ellos quieren destruir  sólo la autoridad. Si pensamos que los líderes políticos de la izquierda comunista vienen de ámbitos educativos y culturales, entendemos muchas cosas. En educación, como en otros muchos sectores, la izquierda socialdemócrata no tiene ideología sino sólo estrategia y radicalismo, o mejor, radicalismo como ideología. La única ideología es el poder. La educación como desarrollo integral de la persona no es ningún fin en sí misma sino una estrategia de adopción, adhesión o captación. La pertenencia al partido es la finalidad última de la escuela. La neutralidad constitucional de la educación no existe en el proyecto socialista, por eso no quieren un pacto educativo. 

Los tres supuestos antropológicos de la educación socialista, además de los apuntados de emancipación, tolerancia y libertad sin límites, son la reducción o disminución de la disponibilidad de la conciencia de valores. Se estrecha o suprime en el alumno la capacidad de elección y se borra del horizonte de posibilidades un gran número de actitudes, de valores y de compromisos. Existe una servidumbre de conceptos obligatorios. No es, por tanto, ensanchar la libertad sino disminuir la conciencia. Educad en la libertad sin límites y llegará un día que  habrá que limitar  la libertad en educación. No se puede ser tan tolerante sin arrepentirse de ello cuando se vean las consecuencias en violencia y agresividad. La modificación  de la percepción socio-moral es la tarea de la escuela socialista.

El segundo supuesto antropológico de la  educación, es el sobreseimiento moral. No existe más que la moral del poder  y lo demás es un “delito social”. El tercer principio es el establecimiento del conflicto entre lo viejo y lo nuevo que representan los socialistas. La educación socialista de la libertad es suicida y su tumba la dictadura. El problema de la educación socialista es que no acompaña al joven en construcción sino que lo empuja y obliga a aceptar una determinada ideología sectaria y radical.   


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