09/04/2018 / 14:39
Jesús Fernández


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Demanda de valores

   Vivimos en una huelga de valores permanente.


Vivimos en un mundo de alternativas. El progreso y el desarrollo permiten al hombre de hoy elegir entre muchas opciones y posibilidades. Se produce lo mismo en menos tiempo y así se libera ocio y tiempo libre. Ese es el progreso ¿Qué hacer con ello? Esta es la gran decisión. Estamos en una resignificación de la democracia donde quien no cree en ella es porque él se cree democracia. Los populismos han existido siempre pero no tan radicales y extendidos como ahora. ¿Dónde está la democracia? Algunos pretenden estar enviados para designar  la realidad pues, al no creer en los valores reales, se cree ya en cualquier cosa inventada. El vacío en esta materia no existe.   
    La sociología democrática confundida con la sociología de las masas está llegando a un punto peligroso. La reivindicación colectiva no ejerce sólo un papel de señalamiento, de dedo apuntador de la diana y objetivo sobre el que disparen los partidos políticos sino que esta ejerciendo una función  de existencia. Sólo existe aquello que se  reivindica. Y lo que se reivindica ruidosamente, masivamente. Lo demás podemos no sólo olvidarlo sino negarlo. Labor no sólo gnoseológica, conocer y hacer visibles los problemas sino también ontológica, hacer posibles los problemas. Los partidos políticos tienen sus departamentos de producción o creación de conflictos  y desigualdades. Son un laboratorio social.
    Aquello de que  la derecha crea problemas y la izquierda  marxista los resuelve,  que el capitalismo crea desigualdades y que el socialismo las corrige, ya no se sostiene. Ahí están los regímenes socialistas de hoy para desmentirlo. Gobernar ya no es establecer prioridades en las múltiples desigualdades y  necesidades existentes en la sociedad y organizar recursos y posibilidades sino que gobernar hoy se ha convertido en apagar incendios  sociales, acallar las voces que gritan indignación pero no con ideas y formación sino con dinero público.
    Vivimos en una huelga de valores permanente. Existe más demanda y orientación que oferta de ellos. Escasez de conciencia y abundancia de corrupción. Los valores históricos que cohesionaban nuestra sociedad han saltado por los aires. Estamos indefensos y no encontramos refugio pues todos somos unos refugiados. El hombre se debate entre el tiempo y los valores intemporales pero que se descubren con el tiempo. Unos son los valores permanentes y otros los valores institucionales. Fue un terrorismo injusto, dicen ahora. ¿Fue? ¿Es que hay un terrorismo justo? Todo lo que se denuncia o se rechaza ha sido siempre denunciable y rechazable. Los valores no se inventan sino que se descubren.

 


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