20/05/2017 / 12:33
Redacción


Imagenes

El desfile

La relación de la clase política nacional con el desfile no ha sido muy afortunada en los últimos años.


La decisión de realizar los actos centrales del Día de la Fuerzas Armadas en Guadalajara ha sido una noticia celebrada. Más allá de los trastornos que pueda ocasionar a los vecinos, nos convierte por un día en centro de atención nacional y contribuye a reforzar el maltrecho orgullo de una ciudad y una provincia tan a menudo maltratadas. Año tras año, por estas fechas, la Subdelegación de Defensa, gracias a la iniciativa entusiasta del subdelegado, el coronel Antonio Pastor Zapata, se ha afanado en promover un mejor conocimiento de la labor que desempeñan nuestros militares, aunque no siempre ha encontrado la receptividad que los actos organizados –en ocasiones con la colaboración de diferentes instituciones- merecían. En esta ocasión el desfile aéreo y terrestre, con la dimensión mediática que tiene, nos hará protagonistas por un día, nos pondrá en el mapa y transmitirá una imagen positiva de nuestra ciudad. No es poca cosa.
    Guadalajara ha tenido desde siempre una especial conexión con las Fuerzas Armadas. Aquí se ubicaron la Academia de Ingenieros, que durante un siglo (1833-1932) se integró plenamente en la ciudad; el Servicio de Aerostación Militar, emplazado tanto en el acuartelamiento de San Carlos como en el Parque de Aerostación, en el Cuartel del Henares, más conocido como el “Cuartel de Globos”, en el barrio de los Manantiales, hoy felizmente restaurado; el Taller y Centro Electrotécnico de Ingenieros (TYCE), en el Fuerte de San Francisco; el Parque Central de Armamento y Material de Artillería, en la carretera de Cabanillas del Campo; o diferentes colegios de huérfanos del ejército (de Oficiales y de Guerra). Aunque en la actualidad la presencia es menor, limitándose a la Subdelegación de Defensa, al Parque de Ingenieros y al Archivo General Militar –en la recién denominada Plaza de España-, el vínculo con las Fuerzas Armadas sigue siendo intenso.
    La relación de la clase política nacional con el desfile no ha sido muy afortunada en los últimos años. No hay más que recordar la desatinada manifestación de Rajoy antes de ser presidente, captada por un micrófono abierto, cuando dijo aquello de que “mañana tengo el coñazo del desfile, en fin, un plan” o su ausencia en los desfiles de 2014 (el último presidido por el Rey Juan Carlos) o de 2015 (el primero presidido por el Rey Felipe). O el bochorno que supuso el desplante de Zapatero a la bandera estadounidense al no levantarse a su paso en otro desfile –cuando tampoco era todavía presidente-. En Guadalajara, por el contrario, cabe esperar que el desfile y el resto de actos previstos para ese día en Guadalajara cumplan sobradamente con lo establecido en el real decreto que desde 1987 regula esta celebración: ser “una jornada de encuentro y comunicación entre civiles y militares”. Entusiasmo y gratitud no faltarán. Eso es seguro.
 


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