02/06/2018 / 16:19
Marta Velasco


Imagenes

El fin del mundo

Supongan que, en una maniobra puigdemontiana o quimtorrana, el independentismo se ha apoderado del ideario patrio así, lacito a lacito.


Cuando se pueda leer esta columna, ya todos sabremos si ha habido o no moción de censura, si Rajoy es ya historia, o no; si en Moncloa está Sánchez, con su carita de presidente por un día, o Iglesias con su parlanchina señora dando la turra y organizando referéndum para inscritos/inscritas…  O no. Puede que todo siga igual o que hayamos caído en otras manos inocentes que no tengan nada que esconder, aunque, ahora mismo, no se me ocurren ningunas.
    Supongan que, en una maniobra puigdemontiana o quimtorrana, el independentismo se ha apoderado del ideario patrio así, lacito a lacito, y que,  hartos de corrupción y de hincarnos la cruz amarilla en la rabadilla, los que nos hemos ido a Bruselas somos los constitucionalistas, los  que no estamos conformes con el desguace de nuestra tierra,  o sea, el pueblo pagafantas, convertido por culpa de este terrible embrollo político en Españoles por el Mundo, o Vagabundos por el Exilio, tan peligroso y poco confortable para el que no tiene una nómina de político nacionalista. Que todo puede suceder.
    La semana pasada, cuando estalló el almacén pirotécnico de Tui, una vecina afectada y muy asustada manifestó: “Creía que era el fin del mundo”. Y lo fue para los vecinos colindantes al almacén. Lenguas de fuego como en El Apocalipsis, explosiones, casas volando y personas muertas y heridas. Cualquiera hubiera creído lo mismo, porque en España, que es un gran país, estamos acostumbrados disfrutar una vida excelente en términos generales, pero nos desasosiega el secesionismo catalán, la maldita corrupción de cada día y tememos las explosiones vengan de donde vengan, tan trágicas y brutales.
    Es verdad que a veces pasan cosas muy buenas que nos devuelven la alegría, como que el Real Madrid – ¡¡HALA MADRID!! –  sea Campeón de Europa de fútbol y de baloncesto, y el Atlético de Madrid – ¡¡AUPA ATLETI!! – sea Campeón de la Europa League; que Rafa Nadal sea el mejor y Marc Márquez llegue el primero…y no digo más. Esto no les pasa a los japoneses ni a los chinos con todos los que son, ni siquiera a los franceses o los alemanes. Nos ha pasado a nosotros, los españoles y el pueblo pagafantas siente que en cierta medida sus penas se han mitigado gracias a nuestros maravillosos deportistas.
    Pero el que ha visto de cerca el fin del mundo y se ha librado milagrosamente, sabe ya para siempre que, en cualquier momento, la felicidad, la alegría, la vida confortable, las mañanas de sol, las tardes de terraza con amigos y un blanco verdejo y las noches de fiesta en Cibeles, son momentos dulces pero efímeros, de una fragilidad y una eventualidad suma.
    Siento ponerme trágica, pero todo está muy revuelto, hay que arreglar muchas cosas y da miedo pensar que esta vida tranquila, con sus extraordinarios deportistas, sus estupendos médicos, sus fantásticos cocineros y su Guardia Civil, tenga un brusco final y acabe llegando de verdad el fin de nuestro mundo.


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