16/06/2018 / 13:51
Antonio Yagüe


Imagenes

El Monasterio (de Piedra)

Pocos saben que aquí se cocinó el primer chocolate de Europa en 1534.


En la antigua Sexma del Campo y parte del Señorío siempre ha habido un solo monasterio: el de Piedra. Así bautizado por el río que nace en Rueda de la Sierra/Cubillejo del Sitio, se deja ver en Embid y acumula regatos y barranqueras de Campillo de Dueñas, La Yunta, Pardos, Tartanedo, Hinojosa, Milmarcos y Fuentelsaz. Como el hermano Mesa, también camino del Ebro, nace en tierras del Señorío, con orígenes y formas tan humildes que no pocos molineses, deslumbrados por el Tajo y el Gallo, no se han enterado de su existencia hasta contemplar las impresionantes hoces, ya en la provincia de Zaragoza, de Torralba de los Frailes y Aldehuela de Liestos.
    El Monasterio, meca de excursiones escolares y escenario de primeros romances, joya gótica, parque y monumento natural, con hotel y spa, cumple nada menos que 800 años. Ocho siglos desde que fue construido por trece monjes cistercienses en un paraje de cuento de hadas, con cascadas, lagos, grutas y arboledas de ensueño. El enclave, protegido por una muralla medieval, camino de Calatayud, lo festeja con variadas actividades y un congreso internacional de postín, que -según sus organizadores- dará a conocer su historia, su singularidad y valor como patrimonio cultural y natural.Este impresionante oasis en la España seca, despoblada y envejecida, atrae cada año a unos 300.000 visitantes. Muchos son turistas que aprovechan de paso para disfrutar de unos días de desconexión, relax y buena cocina, rodeados de la naturaleza y lejos de la ruidosa masificación de las grandes ciudades. También acuden para conocer más sobre su historia, magia, sobrecogedoras leyendas y parada en el tiempo.
    Pocos saben que aquí se cocinó el primer chocolate de Europa en 1534, cuando el clérigo Fray Jerónimo Aguilar envió desde México al abad del Monasterio de Piedra el primer cacao junto a la receta (todavía sin azúcares artificiales) para aderezarlo. El conjunto arquitectónico religioso vivió su momento más triste tres décadas después, tras la disolución de la Congregación de Piedra, con la Desamortización de Mendizabal (1835). El monasterio se reabrió diez años después, está vez al público en general. Desde entonces es uno de los recintos más visitados de Aragón. Y de nuestra Castilla, vecina y hermanada en desértica soledad. Vale la pena acercarse y celebrar la efeméride.


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