03/10/2010 / 00:00
Javi López


El Rosario


En este primer domingo de octubre se celebra normalmente la fiesta del Santo Rosario, fijada en la Liturgia en el día 7 del mismo mes. Además, todo el mes de octubre es considerado como el Mes del Rosario.

El Rosario es una oración sencilla y popular y, al mismo tiempo, de profunda teología. Apreciada por los Papas y por muchos santos, su rezo ha constituido y sigue constituyendo, aunque en menor cuantía, costumbre en muchas familias. Son muchos los cristianos que lo rezan diariamente y es acto comunitario en muchas parroquias, comunidades y grupos cristianos.

Es ciertamente una oración mariana, pues predomina el número de Avemarías, la Letanía es mayoritariamente de invocaciones a María y los misterios que se contemplan hacen referencia directa o indirecta a la Virgen María. Pero el Rosario es, al mismo tiempo y en primer lugar, una oración cristológica, como no podía ser de otra manera, pues toda oración o devoción mariana tiene siempre como referencia, centro y meta a Cristo, como la misma persona, vida y misión de María están siempre orientadas y centradas en su Hijo y Señor Jesucristo.

El Papa Juan Pablo II, en su Carta Apostólica El Rosario de la Virgen María, del año 2002, nos invita a conocer, valorar y rezar el Rosario como camino para conocer y para llegar a Cristo, como camino de fe, como camino de María. Efectivamente, el Rosario es un medio eficaz y adecuado para recordar y hacer presente a Cristo con María, para configurarnos a Cristo con María, para orar a Cristo con María, para amar a Cristo con María.

La contemplación de los Misterios del Rosario - veinte desde que Juan Pablo II introdujo los cinco Misterios de luz – nos acerca al Misterio de Dios, manifestado en Jesucristo, nacido de la Virgen María, que vive entre nosotros, que nos revela a Dios, que enseña, muere, resucita y triunfa definitivamente y asocia a su Madre en su triunfo definitivo, poniendo los fundamentos de nuestra esperanza.

Por otra parte, el Rosario es una lección y un espejo del misterio del hombre. De su vida, de sus gozos, de sus luces, de su sufrimiento, de su muerte, de su resurrección y de su futura gloria definitiva. Nada sucede en nuestra vida, que no tenga su luz y su reflejo en los misterios de la vida, muerte y resurrección de Jesucristo y de su Madre.

Desde hace siglos, la Iglesia ha recomendado el rezo del Rosario, especialmente en momentos de tribulación y de mayor dificultad. Especialmente recomendado está el Rosario como oración por la paz y por la familia y en la familia Las dos revelaciones privadas modernas más populares – Lourdes y Fátima – tienen la marca común de la recomendación de la Virgen María de rezar el Rosario.

La oración del Rosario es, al mismo tiempo, vocal y de contemplación, personal y comunitaria, de meditación, de alabanza y de súplica. La oración repetida del Padrenuestro y del Avemaría, así como las Letanías, que pueden prestarse a la distracción y a la rutina, tienen, sin embargo, la virtud de ofrecer la posibilidad de repetir al Señor y a nuestra Madre, la Virgen María, lo que creemos y sentimos de corazón, como se repiten las mismas palabras, frases y expresiones a la persona que se ama.

Termino con un párrafo de la Carta Apostólica del Papa Juan Pablo II sobre le Rosario: "La historia del Rosario muestra cómo esta oración ha sido utilizada especialmente por los Dominicos, en un momento difícil para la Iglesia a causa de la difusión de la herejía. Hoy estamos ante nuevos desafíos. ¿Por qué no volver a tomar en la mano las cuentas del rosario con la fe de quienes nos han precedido? El Rosario conserva toda su fuerza y sigue siendo un recurso importante en el bagaje pastoral de todo buen evangelizador" (Rosarium Beatae Mariae Virginia, 17).


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