22/04/2010 / 17:27
Carlos Carnicero


ETA y la palabra dada



Uno de los pilares del éxito de la lucha antiterrorista ha sido la unidad política y social en torno al proyecto de acabar con ETA de José Luis Rodríguez Zapatero. Lo que hace cinco años parecía imposible, hoy está al alcance de la mano: acabar con la organización terrorista con la ley en la mano, gracias a la eficacia policial, a la unidad, a la cooperación y a una inteligente política de aislamiento del entorno político de ETA. Las cosas van tan bien que ETA no ha tenido más remedio que declarar una tregua a la que  nadie le ha dado crédito ni le ha prestado mucha atención. 


Eso está perfecto: pero hay un dato inquietante. En la reunión del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y el presidente del Partido Nacionalista Vasco, Iñigo Urkullu, se han llegado a acuerdos sobre el final de ETA que no han sido difundidos. Lo normal es que comience una escalada de comunicados de ETA pidiendo mediación internacional y comprobación de la tregua indefinida. Eso no es la disolución de la banda y el abandono total y definitivo de la violencia. No es necesario que el estado democrático de un paso más; toca mover ficha a Batasuna y condenar el terrorismo.


No afirmo que de lo que estoy hablando entre  en el contenido del acuerdo con el PNV; sólo digo que a la altura en la que estamos hay que respetar la literalidad de la palabra dada. Y esta no es otra que la afirmación reiterada de que con ETA y con su entorno no hay nada que hablar mientras no anuncien su disolución y estén en disposición de entregar las armas. Y con Batasuna hasta que no tenga el coraje de condenar el terrorismo. Es una tentación legítima en quien gobierna querer capitalizar el final del terrorismo. Pero no a cualquier precio. La coartada de un PNV exigente en facilitar ese final mediante la rebaja de las exigencias puede ser un próximo capitulo de este serial. Pero no vale decir que se cede porque lo pide un socio leal. 


Esta posición no es un capricho, porque estoy convencido de que tan importante es el final de ETA como la forma en la que se lleve a cabo, y sobre todo que los ciudadanos no entiendan que se les ha engañado prometiéndoles una firmeza que finalmente se relaja. La forma del final es importante por las víctimas, por el futuro del País Vasco y porque quede escrito en las paginas de historia que el estado mantuvo su palabra dada después de que ETA desperdició tres oportunidades de diálogo.


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