11/10/2018 / 12:21
Javier Sanz


Imagenes

Fuente Ymbro y Rufián

De toro sólo tenía el nombre, ‘Rufián’, y empezó a tirar derrotes modorros, sin gracia, los recurrentes de tantas veces, pero le salió una brava Beatriz Escudero.


Finalizaba agosto y nos convocábamos en una tertulia de muy pocos, en Lantigua, para seguir las Corrida Generales, de Bilbao, naturalmente. La ponderación y sabiduría, tan cercanas, eran cosa de Faustino Calle, que para eso había vestido luces; Rufo del Castillo y yo, con breves comentarios, disfrutábamos cada corrida de cada tarde. Siempre esperábamos a que Diego Urdiales desplegara la muleta y comenzara su clase de toreo, con una pureza que ya no se veía y se ha visto muy pocas veces. En Urdiales todo era verdad. Cada uno que tire por donde quiera, aunque cierre en El Pilar con sesenta paseíllos, pero torear es lo que hizo Urdiales el domingo en terrenos del tendido del 4, a nuestros pies.

La corrida fue de Fuente Ymbro, que a algunos, a priori, poco decía. Pero a Madrid no se puede venir de cualquier manera sino con respeto y cierta clase. Y así salieron los fuenteymbros, si bien algunos hicieron dudar al principio. Para eso estaban los maestros, para aprovechar la clase del burel y dictar la suya, enseñándoles por dónde, y así discurrió la cosa, con un cum laude de Salamanca en el cuarto. David Mora se arrebató y dejó escapar al tercero, de vuelta al ruedo y Chacón, atento a todo cuanto circulaba por el ruedo, se la jugó, cosa que Madrid, Las Ventas, reconoce. Colofón: a Madrid hay que venir con cierta clase, de lo contrario: a los albañiles.

A Cascos, estragado por el tiempo, le echaron en el Congreso, día martes, un manso de solemnidad. Es lo peor que se puede echar pues la ganadería queda retratada. Sin clase, escarba y vuelve a escarbar, entra al caballo y sale rápido, tirando coces, busca la querencia y quiere volver a toriles, en realidad no se quiere medir con el rival, cobardía, o sea. De toro solo tenía el nombre, “Rufián”, y empezó a tirar derrotes modorros, sin gracia, los recurrentes de tantas veces, pero le salió una brava Beatriz Escudero que le puso en sitio al citarle con decisión. Al tirarle un derrote por la espalda ella lo clavó: “¡Imbécil!” “Rufián” se aculó en tablas y bebió agua, tenía la boca seca. Por fin alguien le paraba los pies, porque no vale tanta coz tan bien remunerada. El martes cantó la gallina: se veía que era manso de solemnidad, bastaba que alguien se lo demostrara. Esquerra no puede echar en Madrid ejemplares así. Que llame a Fuente Ymbro y se informe.


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