13/12/2016 / 17:02
Redacción


Inyección económica y de moral

 La Navidad, que empieza ya casi con el Black Friday, pero en especial con el encendido del alumbrado, despierta el lado más sensible y generoso de las personas.


Sin olvidar el trasfondo religioso de las fiestas de Navidad en una provincia de hondas raíces cristianas, estas fechas, cargadas de emotividad y simbología, suponen un importante impulso a la economía a través del fomento del consumo que beneficia de manera notable a los comercios y a la hostelería. En los días más cortos y fríos del año las calles se iluminan y decoran con distintos motivos, los escaparates se engalanan y la programación de distintas actividades anima a salir de la casa en busca de variado ocio con el estimulo además del cobro de llamada extra de Navidad que permite a las economías domésticas  cumplir con las tradiciones gastronómicas y de regalos propias de esta época. La afluencia de público a locales de restauración y a grandes y pequeñas superficies comerciales supone la necesidad de contrataciones para esta época, que se alargan por  las esperadas rebajas. El consumo aumenta, el dinero circula, los ingresos de numerosos negocios se incrementan salvando o mejorando así la cuenta de resultados y se crea empleo, aunque sea estacional. El turismo también se beneficia por los viajes para reencuentros familiares o de vacaciones y el mundo del espectáculo, sean cines, musicales o teatros, ve igualmente llenarse sus patios de butacas. También crece la solidaridad con quienes tienen mayores dificultades. Las operaciones kilos, los mercadillos solidarios, los conciertos benéficos, las recogidas de juguetes y las recaudaciones para las organizaciones que trabajan con los colectivos más desfavorecidos mueven conciencias y bolsillos para que nadie se quede sin un plato de comida y unos turrones, ni un niño sin la ilusión de un regalo. La Navidad, que empieza ya casi con el Black Friday, pero en especial con el encendido del alumbrado, despierta el lado más sensible y generoso de las personas. La alegría parece generalizarse en el ambiente por los deseos de felicidad y el mundo parece un poco mejor, aunque es cierto también que los problemas de soledad o la tristeza por las personas que ya no se están se hacen más duros de sobrellevar.


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