06/07/2018 / 14:53
Redacción


La necesaria reflexión sobre el agua

 La cuestión de fondo cambia sensiblemente con la llegada del nuevo Ejecutivo nacional.


Las primeras declaraciones de la nueva ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, han supuesto una alegría o, al menos, un motivo para la esperanza respecto a la racionalización de la política de trasvases y una ola de preocupación  en los beneficiarios de esta agua que temen por sus cultivos o dicho de otra forma porque el chollo se termine. El razonamiento de Ribera fue sencillo al manifestar que “algo extraordinario no puede convertirse en ordinario” y llega cuando la comisión técnica está esperando la reunión que certifique una nueva derivación de 38 hectómetros este mes de julio y otras de 20 para agosto y septiembre.  Por fin el Gobierno de España coincide en pensar que los trasvases deben convertirse en un recurso extraordinario para situaciones de emergencia en materia de abastecimiento y no en algo habitual lo que implica entender que hay que buscar soluciones alternativas para mejorar la autosuficiencia del Levante que no puede depender toda la vida de un recurso que supone llevarse la fuente de vida de una zona que también la necesita y que ha demostrado su empobrecimiento y despoblamiento, con estudios y cifras, a causa de estas derivaciones. La cuestión de fondo cambia sensiblemente con la llegada del nuevo Ejecutivo nacional a tenor de estas palabras y aunque es cierto que en el momento actual el régimen del trasvase depende de un marco jurídico-técnico con rango de ley que es el Memorándum que debe seguir aplicándose en tanto no sea modificado, si parece que ha llegado el momento de abordar dentro de un contexto negociador y sereno el futuro de la política hídrica de nuestro país. Hace falta un plan nacional con acuerdo entre los gobiernos de los territorios afectados y en el seno de los propios partidos políticos que en la defensa de los intereses de dónde se encuentran mantienen distintas posturas. Los trasvases deben quedar como algo residual, excepcional, para situaciones de alerta, y deben explorarse otras vías como la construcción de plantas de desalinización o la optimización de las ya existentes. Es hora de aprovechar la puerta entreabierta y la sintonía política entre los ejecutivos nacional y regional para alcanzar ese pacto, acabar con la pesadilla de los municipios ribereños y dar una oportunidad de desarrollo a nuestra provincia. 


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