09/06/2018 / 12:07
Antonio Yagüe


Imagenes

Las dos Españas

Una España vive dispersa en los inabarcables campos de la península y la otra muy apretadita, como sardinas en lata, en Madrid, Barcelona, Valencia,  costa del Sol, País Vasco, Palma de Mallorca… y poco más...


Un reciente mapa mundial, elaborado con datos geográficos y de población por organismos internacionales del rigor y potencial de la NASA, me ha devuelto a la realidad tras la trepidante semana de censura. Y de ‘cesura’, como dirían Tip y Coll, para varios miles de cargos de confianza y cariño en las filas del PP. También de caradura con el viejo  ¿”que hay de lo mío?”.
     Los colores en el mapa, según los autores,  son algo aleatorio. Pero muestra que la mitad de los españoles viven en la zona roja. La otra mitad, -incluida mi patria chica molinesa- en la azul que soñaba José Antonio. Deja muy claro que una España vive dispersa en los inabarcables campos de la península y la otra muy apretadita, como sardinas en lata, en Madrid, Barcelona, Valencia,  costa del Sol, País Vasco, Palma de Mallorca… y poco más. Un total de  23,3 millones concentrados en apenas el 3% del territorio, mientras los otros 23,3 campan (campamos) en el 97% restante.
     Cuando el franquismo de verdad se hablaba de España “una, grande y libre”. No se lo creían ni los profesores de Formación del Espíritu Nacional. Ni nosotros, incluso cuando leíamos el glorioso lema en una imponente y escasa moneda de 50 pesetas en su ocasional camino hacia nuestro bolsillo. Admitíamos mejor la división climatológica de la España húmeda y la España seca, la nuestra, sobre todo cuando las fuentes se agotaban y no se podía ni sembrar.
     Algunos politólogos  ven resurgidos hoy los colores de la eterna España dual que desesperaba a Machado y trató de zanjar  la Transición,  o ‘régimen del 78’ según terminología podemista. Los socialistas culpan a Aznar de la resurrección con su todo vale para echar a González. Los conservadores acusan a Zapatero con su memoria histórica y vuelta a reinterpretar la Guerra Civil. Los más centrados apuntan a ambos por sus concesiones a los enemigos de la unidad, y a los sucesores Rajoy y Sánchez, que siguen sin creerse el Estado.
     Hoy resulta imposible que partidos grandes o de medio pelo compartan un relato de España. Y hasta de la familia. Casi todo es dictadura y patriarcado machista. Se habla de plurinacionalidad y hasta de plurisexualidad, ampliada a artefactos, animales  y plantas. Habrá que ponerse al día.


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