04/05/2018 / 12:11
J. Pastrana


Imagenes

“Los nacionalistas viven en una secta, han sustituido a Dios por Cataluña”

Albert Boadella presenta su último montaje esta tarde en el Buero Vallejo.


El presidente en el exilio de Tabarnia, Albert Boadella, visita hoy Guadalajara para presentar su último montaje, El sermón del bufón, una obra de teatro en la que el fundador de Els Joglars hace un repaso de su vida desde un punto de vista personal, artístico, social y político. La cita es en el Buero Vallejo, a las 20.00 horas.

    ¿Que va a encontrar el público en este sermón?
    Es una obra que tiene algo especial, que todo lo que allí se dice es auténtico. Normalmente, cuando la gente va al teatro, va a ver un acto de ficción. No se odia, ni se ama de verdad en el teatro, pero aquí van a ver algo real, donde yo cuento cosas que me han pasado en la vida de forma teatral, a veces con proyecciones de mis obras o dialogando con personajes. Y al mismo tiempo, para mostrar las contradicciones propias, me desdoblo en dos personajes, Boadella y Albert, que piensan diferente sobre algunas cosas y discuten sobre ellas. Son las memorias representadas de un artista. 

 ¿Cómo ha elegido los momentos que cita en la obra? 
    He elegido lo que he considerado que al público le puede interesar más en lo íntimo, en lo artístico y en lo social y político. Albert lo sitúo en el mundo más vinculado a la infancia, al juego en el teatro, y Boadella es el hombre que está un poco fuera de los instintos, más situado en el mundo de la evolución mental. La gente que hemos tenido una buena infancia, siempre tenemos un punto de nostalgia hacia ella, porque significa unas épocas de felicidad con una parte de inconsciencia infantil y juvenil. Pero cuando uno tiene muchos años, puede aprovechar la ventaja que le dan esos años, que es lo que yo hago en El sermón del bufón.

    Habla de un Albert que jugaba con el teatro. ¿Cree que se ha perdido ese sentido de juego?
    El hombre de teatro, especialemente el hombre de actuación, siempre mantiene la capacidad de juego, porque hacer teatro es jugar. Lo que sí se ha perdido es el teatro como un arte más ligero, más jugetón y satírico. La tendencia actual está más cercana a lo psicológico A veces parece más una clase de psicología que un arte.

   ¿Es qué se diferencia esa clase de psicología del arte?
    El arte siempre entra por los sentidos. Tiene una capacidad emocional muy potente. La música, por ejemplo, tiene una capacidad de emoción rápida, de una gran potencia. El teatro, cuando es estrictamente literario, pierde esta capacidad emotiva. Va directamente al análisis y eso esta bien, pero emotivamente pierde. Por eso, en mi caso, en los últimos años queda patente una afición del teatro con música. Creo que la música, que es un arte 100 por cien sensorial, a porta al teatro esos elementos de emotividad. 

     Y si habla de sus vivencias políticas y sociales, hablará también de Cataluña y Tabarnia. 
    Sobre todo de Cataluña, que ha representado en mi vida unos momentos muy polémicos y vibrantes. He vivido un rifi rafe constante con el territorio en que nací, que no me gusta en qué se ha convertido. Esto lo he expresado de muchas maneras, también a través de mis obras. 

    Usted ya no trabaja allí. ¿Le apena que el compromiso político influya tanto en el arte?
    También tiene sus ventajas. El momento en el que uno expresa lo que cree, también hay mucha gente que agradece y valora su posición. Uno se gana enemigos, pero también grandes amigos. Lo que pasa es que, normalmente, la gente de mi gremio quiere tener a todo el mundo de su parte, a unos y otros, y cuando uno no se compromete, su  trabajo es más aséptico. La ventaja de comprometerse es que puedes comunicar con mayor fuerza. 

   ¿El compromiso tiene que ser necesariamente político?
    Todo es política. Si tú te inclinas por unas determinadas cosas de la sociedad, esas cosas tienen un sentido político. 

    ¿Ahora mismo, cómo se definiría ideológicamente?
    Me definiría como alguien liberal. Prefiero que la sociedad se desenvuelva por ella misma, que no tengan siempre la tutela de los políticos. Soy un hombre de ideas conservadoras  en cuanto a las cosas buenas de la vida y enórmemente rebelde con las cosas que yo pienso que empañan nuestra existencia. No sabría decirle si soy de izquierdas o de derechas. Está claro que estoy por la solidaridad, por eso soy antinacionalista. El nacionalismo es todo lo contrario a la solidaridad, que siempre ha sido una cosa que se ha vinculado a la izquierda, aunque en estos momentos no se puede afirmar ni siquiera eso.   

   ¿A usted le quedan ganas de volver a Cataluña?
    A vivir, sin problemas, porque de hecho paso parte de mi tiempo en un pueblo del norte de Cataluña. Uno puede vivir donde sea y, si no le gusta el lugar, basta con que no se prodigue socialmente. Ahora bien, volver artísticamente, que es lo que yo dejé de hacer en 2006, lo veo difícil porque el régimen nacionalista sigue presente y mientras esté allí a mí no me interesa actuar ni hacer nada en Cataluña. Prefiero ir a otras partes en las que se me recibe mucho mejor. 

    ¿Es optimista sobre el futuro, sobre cómo va a terminar todo lo que está pasando en Cataluña?
    Moderadamente. Cataluña tiene una parte muy importante de ciudadanos, aunque quizás no la mayoría, que vive en una especie de secta. Han sustituido a Dios por Cataluña, viven en la fanatización y les une algo que une mucho, el odio, en este caso a España. Hay dos millones de personas que están por el odio a España. Han sido educados así. Eso es un problema que va a durar años y se necesitará una actitud muy inteligente y enérgica de los distintos gobiernos del Estado para que se pueda vivir democráticamente bien. Porque, cuando la gente tiene miedo de expresar sus ideas, como ocurre en Cataluña, quiere decir que la democracia es de muy bajo nivel.  

    ¿Cree usted que España y Cataluña se toman demasiado en serio?
    Primero, no hay que utilizar el término ‘España y Cataluña’, hay que decir ‘Cataluña y el resto de España’, porque no son dos estados distintos. Es muy importante porque los nacionalistas nos cogen con este lenguaje. Ya han conseguido que el conjunto de los españoles hablen de España y Cataluña como dos cosas diferenciadas, cuando no lo son. Pero en fin, una cosa está clara, cuando hay estos brotes de intolerancia, que es de lo que trata el nacionalismo, el sentido del humor baja, la gente lo practica menos. Por eso nace Tabarnia, para ofrecer una opción  humorística, es un espejo del ridículo público que están haciendo. El humor también es un antídoto contra tanta estupidez.  

   ¿Ha temido alguna vez que la situación en Cataluña acabara de una forma trágicamente violenta?
    A nosotros, en España, el nacionalismo nos ha provocado cerca de mil asesinatos. No tiene un historial pacífico, pero la situación actual no facilita opciones de violencia. Yo creo que lo más trágico es la muerte civil de muchos ciudadanos, personas que se quedan marginadas ante esta situación, porque el nacionalismo siempre busca un cierto totalitarismo, y eso también tiene una forma de violencia. El hecho de que a mí me pinten las paredes en el pueblo diciendo ‘Boadella lárgate’ o que me corten los cipreses, son actos de violencia. Pero ir mas allá de eso.... de momento no. 

   Hay bufones que dejan un poso de amargura, ¿es el suyo uno de esos?
    No. El que venga al teatro hoy va a salir con una sensación de libertad, aunque no estén de acuerdo con todo lo que digo. Verán a una persona que se expresa con la máxima libertad.  
 


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