30/06/2018 / 13:37
Antonio Yagüe


Imagenes

Manirrotos

La ministra Valerio, tan vinculada políticamente a esta tierra, ha heredado un buen marrón. 


"El dinero público no es de nadie”. La parida, con perdón, pronunciada en 2007 por Carmen Calvo, entonces ministra de Cultura, ha vuelto a la palestra tras su nombramiento como vicepresidenta del Gobierno. Sobre todo, tras las medidas de corte populista del presidente Pedro Sánchez. En apenas tres semanas suponen un coste para el Erario de más de 5.000 millones de euros.

Vayan sumando. Eliminar peajes de autopistas: 450 millones; restablecer la sanidad universal: 1.100; quitar el copago: 450; aumentar permisos laborales de paternidad hasta seis semanas: 1.100, y vincular otra vez el alza de las pensiones al IPC:  1.200. Algunas decisiones, como liquidar la tasa a la AP-7, principal autopista amnistiada, huelen a primer peaje al apoyo investidor de los “catalanistas”. Y a injusticia: las sufragaremos todos, conductores o no.

Vaticinan los que saben que la alegría con la que maneja el dinero de los contribuyentes el Ejecutivo dejará cortos a sus antecesores, especialmente a González y Zapatero, que lideran la historia de presidentes manirrotos, como nos reprochaban las abuelas a la mínima. Felipe heredó de UCD una deuda de 31.000 millones y la multiplicó casi por diez. Vale que implantó la sanidad para todos, construyó autovías, el primer AVE y reformó anticuadas estructuras franquistas. Aznar elevó la deuda de 320.000 millones a 390.000 y Zapatero casi la dobló hasta 743.000. Rajoy echó algo el freno, pero deja una masa deudora de 1,15 billones y la famosa “hucha” de las pensiones dilapidada, a cero.

La ministra Valerio, tan vinculada políticamente a esta tierra, ha heredado un buen marrón. Inteligente, ha aflojado la derogación de la reforma laboral pepera. Legislar contra la explotación laboral y, sobre todo, aplicarlo, se las trae ¿Subir las pensiones? Todavía más chungo. El PSOE ha aceptado el pacto bucanero PNV-PP. Ningún Gobierno las ha querido abordar con seriedad. Todos han optado por pasarle el muerto al siguiente y allá se las componga ¡Suerte Magdalena!

El derroche del dinero de todos, incluidos ayuntamientos y diputaciones, parece una plaga bíblica que amenaza a España de forma recurrente. Más con gobiernos socialistas, aunque parece que no meten tanto la mano en la caja. Los economistas independientes aventuran que, ante tanto derroche, no habrá más remedio que atornillar a los ciudadanos mediante subidas de impuestos generalizadas. O más deuda.


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