23/03/2018 / 12:12
Carlos Piña Barbero


Mi historia tras ser atendido en el centro de salud de Sigüenza

El día 13 de febrero alguien me provocó una angina de pecho por anedralina y no se me comunicó. Me mandó a mi casa hasta el otro día que, gracias a la buena praxis de mi médico de cabecera, me mandó ingresar en el Hospital.


Soy un ciudadano de 46 años residente en un pequeño municipio de Guadalajara, Castejón de Henares, perteneciente al Centro de Salud de Sigüenza.
    El pasado 13 de febrero, entre las 20.00 y las 20.30 horas, acudí a ese centro de salud con un brote alérgico o urticaria, como en otras ocasiones en las que me suministraron Urbasón o metilprednisolona y me enviaban a casa sin novedad. He de decir que fui con mi coche en perfecto estado y mucho mejor que otras veces que he acudido con el mismo motivo.
    Las personas que atendían las guardias del Centro de Salud consideraron oportuno suministrarme anedralina en lugar de los medicamentos antes mencionados. La primera vez fue 1 mg intramuscular y posteriormente, a las 20.36, me suministraron otro mg intravenoso. No soy quién para decir si la dosis o el modo de inyectar es la adecuada, pero tras pedir opinión a numerosos profesionales, me dicen que con la primera dosis habría sido más que suficiente, que la administración intravenosa no está indicada para estos casos y, es más, según el informe del Hospital de Guadalajara, para más de 60 kilos de peso es suficiente con 0,5 mg. Una vez suministrado todo eso me puse malísimo, es más, hubo algún momento en el que el riesgo de una desgracia estuvo vagando por el Centro de Salud, pero al final todo quedó en un susto y tras tres electrocardiogramas me mandaron a casa, en torno a las 22.00 horas. He de decir que mi vehículo es todo terreno y volví conduciendo con el alto riesgo que ello conlleva. Me acosté sin saber qué había pasado, con mucho dolor de tórax que a día de hoy aún perdura.
    Al día siguiente, tras levantarme, tuve que ir a Guadalajara, que se encuentra a 66 km del municipio donde resido, con mucho dolor y sin saber aún que me ocurría. A las 09.30 horas (12 horas después de haberme suministrado la anedralina) recibí una llamada de mi médico de cabecera preguntándome dónde estaba, cómo estaba y diciéndome que tenía que acudir inmediatamente al Hospital Universitario de Guadalajara, donde ingresaría un mínimo de dos días. Tuve que volver al pueblo a recoger a mi madre, de 84 años, aún asustada por lo ocurrido el día anterior y aproveché para visitar a mi médico de cabecera, la que me informó que había sufrido una angina de pecho o un infarto y me deberían haber derivado el día anterior al hospital para controlar que no se repitiese. En ningún momento fui consciente de la bomba de relojería que suponía estar conduciendo en estas condiciones.
    Estuve ingresado entre las 13.00 horas del día 14 de febrero hasta las 15.00 horas del día 15. Me hicieron todo tipo de pruebas, alguna sin validez dado el tiempo transcurrido. A día de hoy aún tengo dolores intensos. El día 23 de febrero acudí a Urgencias del Hospital de Guadalajara con un fuerte dolor de pecho pues he tomado la decisión de no acudir al Centro de Salud de Sigüenza que está a 25 km.
    Resumiendo: el día 13 de febrero alguien me provocó una angina de pecho por anedralina y no se me comunicó. Me mandó a mi casa hasta el otro día que, gracias a la buena praxis de mi médico de cabecera, me mandó ingresar en el Hospital.
    No voy a ser yo el que diga que fue una negligencia el suministro de adrenalina, pero sí creo que es una negligencia mandarme a mi casa sin ser sabedor de nada y con el peligro que ello tenía.
    Me gustaría que esto no se vuelva a repetir y, si es posible, que se depuren responsabilidades, ya que esos errores pueden provocar un daño incalculable. También hacer público lo que en el mundo rural tenemos que sufrir muchas veces.
    Todo esto se puede acreditar por escrito con informes médicos, electrocardiogramas, medicamentos suministrados y la forma de administrarlos, etc.
    Me gustaría que no volviese a suceder, ya que según indican las pruebas lo normal hubiese sido que no pudiese contarlo.
    Quiero dar las gracias al cardiólogo del Hospital que me atendió y reclamó de mi médico de cabecera el informe.


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