12/05/2018 / 18:00
Antonio Yagüe


Imagenes

Olla gorda

En Castilla-La Mancha seguramente serán más numerosos los compañeros  contratados por las urnas y el dedo.


Cuando alguien de mi pueblo accedía a la condición de funcionario, desde peón caminero a profesor, era felicitado con más envidia que admiración: “Hale, ahora a comer de la olla grande”. Era un sueldo seguro, a prueba de avatares y gobiernos, como disfrutan los tres millones largos de servidores públicos y miles de cargos políticos que, con másteres fantasma “o no” (como diría Rajoy), han tomado asiento y cuchara en torno a ella.
    La atracción es tan fuerte que, como en el famoso cuento del pato de oro, se quedan pegados en cadena. Incluso cuando la oposición amiga exige cambios por pactos de investidura. Ha sido el caso de presidentes de comunidades autónomas (Rioja, Murcia y Madrid ahora) obligados a dejar el puesto, mejor a otro correligionario. Y de diputaciones, como saben bien en Guadalajara. Objetivo: en el caso de Madrid retener los 250 cargazos y compis “de libre designación”, cuyos salarios superan los 16 millones de euros anuales. Mejor que se queden  casa. Además, si la gobernanza pasa al partido enemigo se levantan las alfombras y rebuscan en los discos duros.
    En Castilla-La Mancha seguramente serán más numerosos los compañeros  contratados por las urnas y el dedo, dada la mayor extensión,  dispersión geográfica y profusión de delegados provinciales  y hasta comarcales. Pero todo es relativo si se mira la gigantesca olla de los Presupuestos Generales del Estado. Los defensores de la  transparencia calculan que el partido gobernante, hoy el PP, disfruta de 5.000 puestos con sueldazos (300 millones de euros del ala) para su camada de mandamases y ayudantes. Desde ministros y directores generales hasta embajadores y agregados, pasando por jefes y capataces en entes y empresas públicas, directores-lumbreras del Instituto Cervantes, o puestos de confianza a cientos en instituciones tan banales como el Tribunal de Cuentas/os o el Defensor del Pueblo.
    “Días de olla gorda”, se guasoneaban Quevedo y  Cervantes. Si vieran hoy soltar 112.145 euros anuales a una  Secretaria de Estado de Comunicación (?) del Gobierno que espeta a los pensionistas protestones “¡os jodéis!”,  80.000 a un conseller golpista en el exilio, o 55.000 a un asesor monclovita sin la ESO...Se abre un panorama político oscuro que hace bueno el dicho popular: Nadie sabe lo que hay en la olla, salvo la cuchara que la remueve.


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