06/10/2018 / 13:56
Marta Velasco


Imagenes

Otoño muy caliente

Aquí se nos empieza a amontonar la porquería y hay cosas antiguas pero muy hermosas olvidadas tras la inmundicia.


Sí, efectivamente, ha empezado el otoño más caliente. Apenas he dejado atrás la caminata matutina con mis primos por el pinar, la piscina fría de las mañanas seguntinas, las charlas bajo un tilo y las noches cálidas. Lejos quedan los mágicos días gallegos con buenos amigos. Lejos las risas de verano, las cenas familiares en el Sánchez y las veladas en el Triunfo. Lejos mis pasos en la catedral silenciosa y lejos las cervezas heladas de Lantigua, los torreznos de la Paris y los pinchos del Alameda o el Tormes. Todo, todo el verano se ha ido y nosotros volvemos a casa, al telediario, a las desazones políticas y a los sucesos espeluznantes. Ya es otoño, pero hace un calor plúmbeo, un calor que se sube a la cabeza y produce un dolor como de herida en la frente.

No quiero volver a escribir sobre los problemas que aquejan a los ciudadanos, ni sobre los enredos con los másteres, tesis doctorales y compadreos; no más sobre las insidias de Villarejo y los sucios manejos con las grabadoras. Estos chanchullos, estos chantajes al poder que los consiente, me recuerdan a Sicilia, donde estuve de viaje hace años y los maravillosos monumentos estaban “tras la inmundicia”, montones de basura que la mafia no dejaba recoger. Aquí se nos empieza a amontonar la porquería y hay cosas antiguas pero hermosas olvidadas tras la inmundicia: la verdad, la vergüenza, el honor, el respeto a los demás, una Cataluña sin separatismos y con el dinero de los Pujol y Cía., que dicen que está en Andorra, en un monasterio, pero la madre abadesa no lo suelta, también debe estar tiznado por la mugre. 

En este preludio de otoño me gustaría escribir sobre el amor, sustancia caliente de por sí, el pan de la vida, la copa divina y un algo sin nombre que obsesiona al hombre por una mujer, según el bolero. El amor es un tema lindo como un jardín y precioso como una joya…Pero ¿a quién le importa el amor en estos tiempos convulsos?

Si hablo de codicia y de ambición, interesa. Si hablo de corrupción, de cloacas del Estado, interesa también; del poder y sus alianzas, pues también conecto… ¿Hablo del traje de la Sra. Sánchez?  Interesa, aunque sólo si digo que me pareció raro. Que sí, que no es tan bonito como este gobierno. En su día también hablé mal del atuendo gótico de los Zapatero en la visita a Obama, de la tableta de chocolate y del bigote de Aznar, del jersey de Evo Morales. O de la camisa remangada de Pablo Iglesias cuando fue a ver al Rey y, al lado de nuestro Don Felipe, parecía un mozo de fonda, mejorando lo presente. 

  Y mientras arde el otoño español, el presidente camina rompiendo el asfalto de NY, como un artista, con una nutrida escolta de hombres de negro. A ver quién le paga ese capricho.


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