21/09/2010 / 13:12
Mar Gato


Pablo Martín acerca la ‘Naturaleza en estado puro’ a la Galería de Guadalajara



alt La Galería de Guadalajara queda estos días salpicada de olorosas y coloridas vegetaciones, plasmadas de las más diversas formas y modos en los lienzos que conforman la exposición de Pablo Martín, quien tras dos años de ausencia vuelve a los circuitos de arte con nueva exposición y nuevas ventanas a la ‘Naturaleza en estado puro’. Esta exposición pictórica podrá ser visitada por el público hasta el próximo 29 de octubre en este nuevo espacio de arte, sito en la calle Alonso Núñez de Reinoso.

En la exposición el pintoresco pueblo de Puebla de Valles se alza como su gran musa 
Dos años han tenido que pasar para que Pablo Martín vuelva a una galería de arte para exponer su obra, un manifiesto canto a la naturaleza, en la que intenta vivir siempre que puede, y con la que verdaderamente siente y disfruta. Ahora todas esas emociones quedan plasmadas en una nueva colección de pinturas, cuyo título genérico es Naturaleza en estado puro. El espacio que aglutina esas incontables emociones es la Galería de Guadalajara, que deja en esta ocasión a un lado las corrientes contemporáneas para apostar por la pintura costumbrista, de la que Martín es un claro referente en la provincia.
    “Procuro que mis cuadros sean ventanas a la naturaleza”, siempre rica y cambiante. Con esta expresión Martín define a la perfección su filosofía en torno a la pintura, una herramienta con la que ha alcanzado plena libertad y muchas satisfacciones. A ella se lleva dedicando desde hace más de dos décadas por pura casualidad. Una invalidez le hizo replantearse sus prioridades y le empuja a los brazos de los estudios, cursando en primer lugar Administración y posteriormente Geografía e Historia en la Universidad de Alcalá. Sería en esa etapa de transición entre uno y otro donde conozca al pintor naturalista Manuel de Gracia. Éste y otros pintores le animarán a emprender esta nueva aventura artística, para la cual le dotan de todo lo necesario: pinceles, pinturas, un caballete y un lienzo. Los resultados en su primera inmersión pictórica, sin embargo, “fueron nefastos”, explica el artista. Este comienzo, sin embargo, no supuso un parón para Martín, que no cejando en su empeño, prosiguió pintando. Sus frutos no serían muy distintos al de sus inicios. Su suerte cambiará cuando, por medio de una amiga, comienza a recibir clases de pintura en el palacio de la Cotilla. Su profesor, Luis Gamo, le ayudó a resolver aquellos problemas técnicos que aún hoy, confiesa humilde el artista, le siguen dando sus quebraderos de cabeza. Y es que en esto de la pintura, como en todo, “uno siempre está aprendiendo”.
    En la exposición que estos días se aposenta en la Galería de Guadalajara el pintoresco pueblo de Puebla de Valles se alza como su gran musa, un lugar al que le ligan estrechos lazos y en el que día tras día es capaz de descubrir nuevos cromatismos y matices. “Aquí sólo con levantar la mirada encuentro miles de motivos para pintar”, indica Martín. Será en este enclave donde el artista pase horas con su paleta de colores frente a sus lienzos en un refugio que califica el “jardín de los sentidos”. Precisamente 22 de las 23 obras que cuelgan en la sala expositiva hacen referencia a este enclave o sus inmediaciones. La excepción es una vista lejana del pueblo de Auñón, una obra creada a partir de lazos de amistad. “No me interesa lo urbano, ni siquiera lo urbano en el entorno rural, ni las personas en mis obras, me interesa la naturaleza”, justifica Martín, autocalificado como un hombre de campo. A ello se debe que sus cuadros sean un verdadero catálogo floral y vegetativo de este enclave de la sierra de Guadalajara, retratado al milímetro gracias a su conocimiento empírico pero también formativo. En este sentido, Martín aplica su sabiduría de geografía e historia para dar un punto de vista más técnico al cuadro, pero siempre sin perder esa sugerencia que queda superpuesta a la evidencia. “Los paisajes han de ser sugerentes, que te apetezca meterte en ellos, revolcarte, saltar o bien escuchar el viento”, confiesa un tanto poeta el artista. Esa sencillez en sus cuadros también se plasma en la casi desapercibida y desnuda firma de sus obras, tan sólo marcadas con el nombre de Pablo. No obstante, el artista rebate a este respecto que lo ideal es que la gente no te reconozca por la firma, sino por tu forma de entender y plasmar la pintura.
    La exposición de Pablo Martín puede verse en la Galería de Guadalajara (sita en la calle Alonso Núñez de Reinoso) hasta el próximo 29 de octubre. La sala tiene un horario de visitas que se extiende de lunes a viernes de 12.00 a 14.00 y de 18.00 a 21.00 horas.

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