05/10/2018 / 16:39
Jesús de Andrés


Imagenes

Pilar Bonet

La semana pasada, la Cátedra Manu Leguineche de la Universidad de Alcalá, patrocinada por la Diputación Provincial de Guadalajara, le concedió su VI Premio Internacional de Periodismo.


Conocí a Pilar Bonet el 19 de noviembre de 1995, domingo, en una tarde sin luz de aquel especialmente frío otoño moscovita. Recuerdo la fecha porque coincidió con las elecciones al Parlamento de Cataluña, unas elecciones que ganaría Jordi Pujol aun perdiendo la mayoría absoluta, en las que el PP obtuvo 17 diputados frente a los 13 de ERC. Eran otros tiempos. Rusia iniciaba su camino postsoviético en solitario y la economía de mercado comenzaba apenas a dar sus primeros pasos. Yo era un joven becario que, dispuesto a realizar una tesis doctoral sobre la transición soviética, había aterrizado en Moscú unas semanas antes y ocupaba mi tiempo en investigar lo allí ocurrido en la Academia de Ciencias de Rusia. Ella era una periodista veterana, corresponsal de El País, que había llegado a la URSS en los años previos a que Gorbachov alcanzara el poder. Gracias a su dominio del idioma, su conocimiento del país y sus contactos entre las élites políticas se había convertido en el mejor corresponsal de todos los destinados en aquel lugar, no sólo de los españoles. Me enseñó las dependencias del periódico y su archivo, organizado junto a su colega Rodrigo Fernández, que puso a mi disposición. Tomamos unas cervezas y cenamos en la barra de uno de aquellos primeros bares de la era Yeltsin. Hablamos de periodismo, de mi tesis, de Cataluña, de Rusia y de las elecciones a la Duma, que tendrían lugar un mes después. Me dio consejos, contactos y parte de su escaso tiempo. Aunque he seguido su trayectoria y he leído sus crónicas y sus libros, no la he vuelto a ver desde entonces.

La semana pasada, la Cátedra Manu Leguineche de la Universidad de Alcalá, patrocinada por la Diputación Provincial de Guadalajara, le concedió su VI Premio Internacional de Periodismo, uno de los más importantes entre los otorgados en España, que recogerá en breve en Brihuega. El jurado, compuesto por destacados profesionales como Nemesio Rodríguez, Borja Bergareche, Carmen del Riego, José Antonio Guardiola, Mar Corral y Carlos Sanz, resaltó la calidad del trabajo de la premiada a lo largo de sus 32 años como corresponsal en Moscú, 4 en Alemania y otros 2 en Austria para la agencia EFE. En tiempos de noticias falsas, de opinólogos y tertulianos ideologizados, el periodismo de Pilar Bonet se ha apoyado siempre en la investigación, el contraste de la información, el rigor y la veracidad, en salir a la calle y viajar allá donde fuera necesario, de ahí su reconocimiento. Decía Stepan Zweig que la palabra es una poderosa herramienta que debe cuidarse, que debe evitar ser traicionada por el eslogan, lema que Pilar Bonet ha llevado grabado siempre a fuego. Un buen premio, como es el caso, gana con la calidad de sus premiados. Nos veremos de nuevo, esta vez en Brihuega.


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